"Sin educación el genio humano queda sepultado bajo las acciones desorganizadas e impulsivas del instinto". Paquito.
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jueves, 29 de septiembre de 2011
Este barrio no es mío
Este barrio no es mío. Pero tampoco es de nadie.
No tiene dueño ese asfalto blanquecino de la calle, ni la acera estrecha que recoge los pasos de tanta gente fugaz.
Los vecinos de aquí son leyendas, construcciones prejuiciadas que sueltan el saludo como piensan el respiro.
¿Quién podría reclamar la posesión legítima de estas puertas cerradas al día, a la tarde, a la noche? Hierros coloridos amplían la tristeza de nuestra distancia. Protegen los hogares del repentino delincuente, capaz de llevarse la vida aunque la deje intacta.
Por este barrio hasta el aroma a café se queda escondido. Lo huelo asomarse con el alba, altanero y dinámico, pero nunca lo encuentro hecho taza de buen vecino, mucho menos estrategia de acercamiento.
En este barrio, llamado eufemísticamente urbanización, ni siquiera hay un parque. Hay una esquina selvática donde no juega el niño, donde no se besan los novios, ni se enfrentan los sueños. Cervezas y estruendo la arrastran a la figura de una cantina cualquiera. Y hasta los cantineros saben que un parque no es una cantina.
Si estoy en este barrio es porque no tengo otro. El que tuve lo dejé parqueado junto a la adolescencia, el mismo día en que salí a buscar los habilidades, y con las habilidades el moro. Ahora vivo aquí, en esta vaina que no es barrio ni urbanización ni nada, entre una mezcla de carnes y concreto. Entro y salgo como por un túnel desierto del que nada me importa, y al que nada le importo.
No quisiera ver a mis hijos creciendo en esta nada. Tengo que volver a mi barrio, o por lo menos construir uno mío.
Jhonatan Liriano
lunes, 29 de agosto de 2011
lunes, 8 de agosto de 2011
Porque estás ahí
Si eludo a las luciérnagas
que me salen al camino
o si rompo los silencios
que me puedan convenir
si prefiero calle y gente
a confort envilecido
o si enfrento la injusticia
sobre casa que es ajena
que me puedan convenir
si prefiero calle y gente
a confort envilecido
o si enfrento la injusticia
sobre casa que es ajena
no es que piense ser más fuerte
en mis pasos solitarios
ni pretendo ser martillo
en mis pasos solitarios
ni pretendo ser martillo
en pared de corrupción.
Si mis manos van forjando,
con amor, otros senderos,
o mis rifles se encarrilan
Si mis manos van forjando,
con amor, otros senderos,
o mis rifles se encarrilan
al origen del dolor
nunca pienses que soy tonto
nunca pienses que soy tonto
pretencioso del martirio
ni payaso que se duerme
en laurel de vanidad
en laurel de vanidad
Porque estás ahí me crezco,
voy henchido de valor.
Porque estás ahí reclamo
la justicia y la razón.
voy henchido de valor.
Porque estás ahí reclamo
la justicia y la razón.
Porque no me falta verte,
ni escucharte ni tocarte
para tener la certeza
de tus pasos junto a mí.
Porque estás ahí mi frente
se levanta orgullosa
y mis brazos siempre esperan
aquel día que vendrá
Jhonatan Liriano
martes, 26 de julio de 2011
Margaritas y perlas
No se parecen
Las ciencias sociales explican que para que un grupo represente fielmente a una población debe poseer sus principales características observables. En el caso político, para que los dirigentes partidistas de nuestra democracia representativa sean manifestaciones abreviadas del interés de la mayoría deberían verse, sentirse, olerse, escucharse como sus representados.
Pero no es así. Suelen parecer grandes empresarios sin producción ni austeridad, maestros de las artes escénicas en medio de un drama que se siente comedia, o mercaderes venecianos vestidos con orientación de certeros asesores de imagen (se exceptúan los imitadores de bachateros).
El senador del Distrito Nacional, por ejemplo, ¿vive como el hombre promedio de la capital? ¿Reside por lo menos cerca de su cotidianidad alimenticia o económica? ¿Ha sentido la incertidumbre que provoca la cercana delincuencia? ¿Cómo pueden los altos dirigentes reformistas o perredeístas ser la manifestación de los pobres urbanos o rurales si a esa clase solo la ven en campaña electoral y en televisión?
Cada vez los partidos y el pueblo se parecen menos. Mientras la imagen de los modestos pero millonarios diputados, senadores y funcionarios se acerca más a la de magnates industriales, la de jornaleros, motoconchos, campesinos, pequeños comerciantes, profesionales, policías, amas de casa y choferes se aleja más de los referentes del bienestar humano. No se parecen. La representación es un cuento, un enema.
Las ciencias sociales explican que para que un grupo represente fielmente a una población debe poseer sus principales características observables. En el caso político, para que los dirigentes partidistas de nuestra democracia representativa sean manifestaciones abreviadas del interés de la mayoría deberían verse, sentirse, olerse, escucharse como sus representados.
Pero no es así. Suelen parecer grandes empresarios sin producción ni austeridad, maestros de las artes escénicas en medio de un drama que se siente comedia, o mercaderes venecianos vestidos con orientación de certeros asesores de imagen (se exceptúan los imitadores de bachateros).
El senador del Distrito Nacional, por ejemplo, ¿vive como el hombre promedio de la capital? ¿Reside por lo menos cerca de su cotidianidad alimenticia o económica? ¿Ha sentido la incertidumbre que provoca la cercana delincuencia? ¿Cómo pueden los altos dirigentes reformistas o perredeístas ser la manifestación de los pobres urbanos o rurales si a esa clase solo la ven en campaña electoral y en televisión?
Cada vez los partidos y el pueblo se parecen menos. Mientras la imagen de los modestos pero millonarios diputados, senadores y funcionarios se acerca más a la de magnates industriales, la de jornaleros, motoconchos, campesinos, pequeños comerciantes, profesionales, policías, amas de casa y choferes se aleja más de los referentes del bienestar humano. No se parecen. La representación es un cuento, un enema.
jueves, 7 de julio de 2011
Lo sagrado
Visitaba la iglesia cuando menos creía en Dios. Entraba y salía del templo en busca de la formación que no hubo en la casa, de un par de amigos interesados en ser buenos y, de manera especial, en busca de las formas y colores de las muchachas de San Isidro.
El altar, las cruces, la imagen de Nuestra Señora de Fátima y el sagrario eran parte de los signos y espacios venerables de la parroquia. Pero yo no los veneraba. Apenas aprendí a respetarlos por no faltar el respeto a los demás feligreses.
En la Pastoral Juvenil siempre preferí el teatro, la discusión de temas sociales y la cultura en sentido general. Mi corazón y mi mente se mantenían inquietos por los asuntos del suelo. Mientras mis compañeros conseguían alborotar las voces y los brazos en cada momento de oración grupal, porque sentían la presencia del Espíritu Santo, a mí me tocaba guardar silencio y reconocer sin engañifas mi falta de fe.
Era y aún soy un mal católico, sin remordimientos importantes.
Pero ahora, que no frecuento el templo como antes, paradójicamente puedo distinguir con facilidad espacios y asuntos que entiendo sagrados, dignos del más alto de los respetos y de permanente veneración.
Además del contundente y transformador mensaje del amor divulgado por Jesús, vigilo y protejo la relación con mi familia y mis amigos. Entre ellos mi alma pretende la desmesura.
Al hombre y la mujer de trabajo los mantengo en el más alto de mis altares, como tengo a los desconocidos y conocidos que van por el mundo con la actitud innegociable de ser justos. En mis nubes están los coherentes, aquellos que en cada huella conjugan discursos y batallas. Y en mi cielo, en la cúspide del individual sistema de veneración que me construyo, están los sagrados nombres de seres que se interesan en construir una sociedad que realmente sea de todos. Por ellos me atrevería a prender un par de velas de santuario. También me atrevería a perder las formas por defenderlos.
Dejaría ver mis más fuertes emociones si escucho al oportunista, mediocre y corrupto atentando contra cualquiera de los pocos hombres y mujeres que mantienen coherencia entre el discurso de la verdad y la acción transparente, incuestionable.
La gente buena es tan escasa en estos tiempos que no se debe permitir la menor agresión en su contra, mucho menos si viene de uno de los tantos rufianes que andan por nuestras calles vestidos de caballeros moralistas, cuando en realidad son perversos adoradores del poder y la riqueza de dudosa procedencia.
Pienso que para salvarse de sus desvaríos nuestra sociedad, nuestra región y nuestro mundo necesitarán más de la conducta honesta y sabia que de los objetos de lujo, el dinero y la ciencia.
Ahora que no frecuento el templo, alzo mis brazos y mis labios para reconocer la nobleza de quienes utilizan sus talentos con deseo de hacer lo correcto antes de lo conveniente.
Si puedo decir que Dios existe, es porque entiendo que algo sagrado hay dentro de esos humildes seres que reconocen lo efímero de esta vida y el largo camino que la humanidad todavía necesita recorrer antes de superar las cadenas que se ha impuesto desde la sinrazón. A ellos y ellas vayan mis aprecios y mi acompañamiento.
El altar, las cruces, la imagen de Nuestra Señora de Fátima y el sagrario eran parte de los signos y espacios venerables de la parroquia. Pero yo no los veneraba. Apenas aprendí a respetarlos por no faltar el respeto a los demás feligreses.
En la Pastoral Juvenil siempre preferí el teatro, la discusión de temas sociales y la cultura en sentido general. Mi corazón y mi mente se mantenían inquietos por los asuntos del suelo. Mientras mis compañeros conseguían alborotar las voces y los brazos en cada momento de oración grupal, porque sentían la presencia del Espíritu Santo, a mí me tocaba guardar silencio y reconocer sin engañifas mi falta de fe.
Era y aún soy un mal católico, sin remordimientos importantes.
Pero ahora, que no frecuento el templo como antes, paradójicamente puedo distinguir con facilidad espacios y asuntos que entiendo sagrados, dignos del más alto de los respetos y de permanente veneración.
Además del contundente y transformador mensaje del amor divulgado por Jesús, vigilo y protejo la relación con mi familia y mis amigos. Entre ellos mi alma pretende la desmesura.
Al hombre y la mujer de trabajo los mantengo en el más alto de mis altares, como tengo a los desconocidos y conocidos que van por el mundo con la actitud innegociable de ser justos. En mis nubes están los coherentes, aquellos que en cada huella conjugan discursos y batallas. Y en mi cielo, en la cúspide del individual sistema de veneración que me construyo, están los sagrados nombres de seres que se interesan en construir una sociedad que realmente sea de todos. Por ellos me atrevería a prender un par de velas de santuario. También me atrevería a perder las formas por defenderlos.
Dejaría ver mis más fuertes emociones si escucho al oportunista, mediocre y corrupto atentando contra cualquiera de los pocos hombres y mujeres que mantienen coherencia entre el discurso de la verdad y la acción transparente, incuestionable.
La gente buena es tan escasa en estos tiempos que no se debe permitir la menor agresión en su contra, mucho menos si viene de uno de los tantos rufianes que andan por nuestras calles vestidos de caballeros moralistas, cuando en realidad son perversos adoradores del poder y la riqueza de dudosa procedencia.
Pienso que para salvarse de sus desvaríos nuestra sociedad, nuestra región y nuestro mundo necesitarán más de la conducta honesta y sabia que de los objetos de lujo, el dinero y la ciencia.
Ahora que no frecuento el templo, alzo mis brazos y mis labios para reconocer la nobleza de quienes utilizan sus talentos con deseo de hacer lo correcto antes de lo conveniente.
Si puedo decir que Dios existe, es porque entiendo que algo sagrado hay dentro de esos humildes seres que reconocen lo efímero de esta vida y el largo camino que la humanidad todavía necesita recorrer antes de superar las cadenas que se ha impuesto desde la sinrazón. A ellos y ellas vayan mis aprecios y mi acompañamiento.
Jhonatan Liriano
lunes, 23 de mayo de 2011
Vuela
Quiere volar. Y de algún modo vuela. Cierra los ojos, como para sentir el despegue en cada poro. Se deshace de las manos que intentan atarla a este mundo con caricias mortales. Descubre, toca las punzantes alas de su piel. Arde y navega en el delirio. Yo la miro, temeroso de perderla entre las nubes. Ella aletea sin pensar en mí. Trina, y ya no se debe al mundo. Busca mientras trina las alturas de Dios. Es una paloma oscura que se hace fuego delante de mis ojos, testigos del milagro, y de mis manos, inutilizadas por su ascenso.
Cuando baja no recuerda las elevaciones. Regresa con el desconcierto de niña recién nacida. Yo no olvido porque la he contemplado sobre las nubes de la sensación. Es una mujer, pero una mujer que vuela.
Jhonatan Liriano
lunes, 4 de abril de 2011
Juana, una maestra del campo
Sonriente va la profesora Juana por el camino de Las Lagunetas.
Salta piedras y levanta polvo en tiempos de seca, o bate fango y cruza las aguas elevadas de un riachuelo si los días son de lluvia.
Su cuerpo prominente hace que el motor “70” que usa para transportarse parezca un forzado juguete, cuando en realidad es el único medio que tiene para impartir dos tandas de clase en la escuela multigrado de esta rural y pobre comunidad de San José de Ocoa.
No necesita desmontarse del motor para que alguien salga a su encuentro. Niños y adultos la reconocen en la distancia, porque ven en su fi gura la fi gura de la escuela.
“Tenemos veinticuatro estudiantes, doce en la mañana y doce en la tarde. Solamente damos clase hasta el sexto grado. Cuando los muchachos llegan a ese nivel tienen que irse a la escuela de Arroyo Palma”, dice la profesora y directora de la escuela “Desiderio Andujar” con su voz suave y pausada.
El centro educativo sólo tiene un aula, donde niños y adolescentes de diferentes niveles reciben formación simultáneamente.
La distancia entre cada curso puede ser de uno o dos mosaicos del piso. Y los recursos materiales colindan entre el Texto Integrado del Ministerio de Educación y todo lo que la creatividad de la maestra pueda conseguir.
Las computadoras, radios, videos y demás herramientas tecnológicas recomendadas en los nuevos manuales sólo son instrucciones en papel.
Las condiciones materiales de las familias de Las Lagunetas apenas permiten la subsistencia. Por esta parte del planeta las palabras Internet, computadora, globalización y video conferencia resultan exóticas, aunque se sean empleadas con toda naturalidad entre los libros.
En la escuela tampoco hay espacio de recreación deportiva, ni cocina para preparar el desayuno escolar, cuyas raciones suelen ser menores que la cantidad de bocas infantiles.
Por falta de espacio, los alimentos se preparan en la ofi cina de la Dirección.
Acompañante Juana Franco Mateo está atenta a cada uno de sus alumnos. Conoce a sus padres y los mantiene al tanto de los avances y retrocesos experimentados.
Las limitaciones de recursos observadas en su escuela no borran su sonrisa. Hace ochos años comenzó a trabajar en esta comunidad. Y ya es una experta en superar los obstáculos del camino.
“Cuando llueve, salgo de mi casa con dos pares de zapatos: uno para correr el motor, y otro para entrar a la escuela”, cuenta la maestra Juana sin asumir postura, como si la peligrosa odisea fuera una broma. A su lado alguien dice que, a pesar de la lluvia o el polvo, la profe siempre mantiene la escuelita limpia, como un percal. La afi rmación se valida con un mirada de reconocimiento por el aula-escuela. Se ve limpia y ordenada, como un percal.
Por impartir docencia en a sus veinticuatro estudiantes, distribuidos en dos tandas, y por ser la directora del multigrado, Franco Mateo recibe un salario nominal de RD$22 mil, que con los descuentos de seguridad social, y el pago de un préstamo de vivienda quedan en unos RD$9,000.
La maestra dedica este ingreso a la manutención de su familia, y al consumo de combustible del motor que la lleva y la trae por el camino de Las Lagunetas.
Alimentos servidos en el aula
La profesora Juana Franco Mateo explica que el desayuno y la merienda de la escuela se preparan en el área de la Dirección.
Las madres de los niños colaboran en este proceso, y hacen énfasis en la necesidad de aumentar las raciones, porque no alcanzan para todos.
A continuación LISTÍN DIARIO presenta el inventario de los alimentos asignados a las dos tandas de docencia: 46 unidades de plátano, 34 huevos, 31 panes, 4 libras de queso, 4 libras de arroz, una libra de margarina, 4 libras de salami, 4 libras de harina de maíz, 0.25 libras de sal, 1 libra de cebolla y 0.25 libras de canela.
Escrito por Jhonatan Liriano, y publicado en la sección Economía y Negocios del Listín Diario, el lunes 4 de abril del 2011.
Salta piedras y levanta polvo en tiempos de seca, o bate fango y cruza las aguas elevadas de un riachuelo si los días son de lluvia.
Su cuerpo prominente hace que el motor “70” que usa para transportarse parezca un forzado juguete, cuando en realidad es el único medio que tiene para impartir dos tandas de clase en la escuela multigrado de esta rural y pobre comunidad de San José de Ocoa.
No necesita desmontarse del motor para que alguien salga a su encuentro. Niños y adultos la reconocen en la distancia, porque ven en su fi gura la fi gura de la escuela.
“Tenemos veinticuatro estudiantes, doce en la mañana y doce en la tarde. Solamente damos clase hasta el sexto grado. Cuando los muchachos llegan a ese nivel tienen que irse a la escuela de Arroyo Palma”, dice la profesora y directora de la escuela “Desiderio Andujar” con su voz suave y pausada.
El centro educativo sólo tiene un aula, donde niños y adolescentes de diferentes niveles reciben formación simultáneamente.
La distancia entre cada curso puede ser de uno o dos mosaicos del piso. Y los recursos materiales colindan entre el Texto Integrado del Ministerio de Educación y todo lo que la creatividad de la maestra pueda conseguir.
Las computadoras, radios, videos y demás herramientas tecnológicas recomendadas en los nuevos manuales sólo son instrucciones en papel.
Las condiciones materiales de las familias de Las Lagunetas apenas permiten la subsistencia. Por esta parte del planeta las palabras Internet, computadora, globalización y video conferencia resultan exóticas, aunque se sean empleadas con toda naturalidad entre los libros.
En la escuela tampoco hay espacio de recreación deportiva, ni cocina para preparar el desayuno escolar, cuyas raciones suelen ser menores que la cantidad de bocas infantiles.
Por falta de espacio, los alimentos se preparan en la ofi cina de la Dirección.
Acompañante Juana Franco Mateo está atenta a cada uno de sus alumnos. Conoce a sus padres y los mantiene al tanto de los avances y retrocesos experimentados.
Las limitaciones de recursos observadas en su escuela no borran su sonrisa. Hace ochos años comenzó a trabajar en esta comunidad. Y ya es una experta en superar los obstáculos del camino.
“Cuando llueve, salgo de mi casa con dos pares de zapatos: uno para correr el motor, y otro para entrar a la escuela”, cuenta la maestra Juana sin asumir postura, como si la peligrosa odisea fuera una broma. A su lado alguien dice que, a pesar de la lluvia o el polvo, la profe siempre mantiene la escuelita limpia, como un percal. La afi rmación se valida con un mirada de reconocimiento por el aula-escuela. Se ve limpia y ordenada, como un percal.
Por impartir docencia en a sus veinticuatro estudiantes, distribuidos en dos tandas, y por ser la directora del multigrado, Franco Mateo recibe un salario nominal de RD$22 mil, que con los descuentos de seguridad social, y el pago de un préstamo de vivienda quedan en unos RD$9,000.
La maestra dedica este ingreso a la manutención de su familia, y al consumo de combustible del motor que la lleva y la trae por el camino de Las Lagunetas.
Alimentos servidos en el aula
La profesora Juana Franco Mateo explica que el desayuno y la merienda de la escuela se preparan en el área de la Dirección.
Las madres de los niños colaboran en este proceso, y hacen énfasis en la necesidad de aumentar las raciones, porque no alcanzan para todos.
A continuación LISTÍN DIARIO presenta el inventario de los alimentos asignados a las dos tandas de docencia: 46 unidades de plátano, 34 huevos, 31 panes, 4 libras de queso, 4 libras de arroz, una libra de margarina, 4 libras de salami, 4 libras de harina de maíz, 0.25 libras de sal, 1 libra de cebolla y 0.25 libras de canela.
Escrito por Jhonatan Liriano, y publicado en la sección Economía y Negocios del Listín Diario, el lunes 4 de abril del 2011.
martes, 15 de marzo de 2011
No echemos margaritas a los cerdos
En los tiempos de Jesús las margaritas, como ahora, eran flores de sencilla hermosura. Y en su sola existencia guardaban un valor social único. De ahí que el Cristo invitara a sus seguidores a no echar margaritas a los cerdos, pues aquellos animales de hocico y pezuña nunca apreciarían la belleza, la importancia, la riqueza, el significado de la flor. Con el mensaje parabólico el evangelio advierte sobre el desperdicio de llevar las joyas de la sabiduría a seres que nunca las valorarán, que sólo pueden cubrirlas de inmundicias.
En el caso de la presente generación de jóvenes con inquietudes sociales de esta República Dominicana, la misma alegoría es oportuna. Cometen un gran desperdicio los muchachos y las muchachas que ponen el talento, la creatividad y la vida en su plena manifestación al servicio de los proyectos políticos que tienen al Estado como fuente de enriquecimiento. Colocan el desarrollo de las habilidades humanas en manos de la ambición y el egoísmo que entorpecen la mejoría de la colectividad.
La libertad, el trabajo, la ciencia, el amor, los intentos de democracia, el arte, la justicia y todo lo bueno que puede citarse en este mundo es el resultado de una larga y sacrificada siembra.
Millones de hombres y mujeres, de diferentes partes del país y del mundo, tuvieron que derramar mucha sangre, muchas neuronas, mucho sudor y mucho trabajo para que en estos tiempos de incertidumbre la juventud pudiera ver las luces y las flores de la existencia humana.
Por respeto, agradecimiento y compromiso con nuestro pasado, con nuestro futuro, y con la vida misma, nosotros, los jóvenes, no debemos ni podemos lanzarnos como margaritas al corral de los cerdos.
Por Jhonatan Liriano, 15 de marzo del 2011.
Sánchez: "Yo soy la bandera"
El nombre de Francisco del Rosario Sánchez encabeza las páginas de la historia de República Dominicana porque una obra como la suya no cabría en otra parte.
En él Juan Pablo Duarte, ideólogo y líder del proyecto de Independencia Nacional, tenía, quizá, al más comprometido y audaz de todos los adeptos de la sociedad secreta La Trinitaria.
Cuando el movimiento comenzó a materializar sus planes, el 16 de julio de 1838, Sánchez se dedicaba al oficio de peinetero o vendedor de peines de concha. Pero sus inquietudes políticas, probablemente animadas en las clases de filosofía que lo pusieron en contacto con Duarte, lo colocaron en los caminos de la construcción social que nunca abandonó.
En su obra “Pensamiento y Acción de los Padres de la Patria”, el historiador Juan Daniel Balcácer cuenta que para 1843 Francisco del Rosario Sánchez se dedicaba a coordinar el movimiento revolucionario La Reforma, concebido por dirigentes haitianos con el fin de derrocar al dictador Jean Pierre Boyer. El nuevo presidente Charles Herard se dio cuenta de que los trinitarios estaban interesados en algo más que La Reforma. Y por eso dio inicio a una persecución que provocó el exilio de Duarte, Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandrino Pina, cabecillas de La Trinitaria.
Sánchez, Matías Ramón Mella y Vicente Celestino Duarte quedaron entonces al frente de las acciones por la Independencia.
“Ellos mantuvieron contacto con Duarte, a quien le solicitaron que gestionara en Venezuela, donde se había radicado temporalmente alguna ayuda económica para la Revolución”, explica Balcácer en el texto referido.
El sobrino de María Trinidad Sánchez se encargó de hacer las gestiones políticas necesarias para que el sector conservador liderado por Tomás Bobadilla se integrara a la causa nacionalista. Algunos historiadores dicen que fue el mismo Sánchez quien redactó el Manifiesto publicado el 16 de enero de 1844, definido como el Acta de Independencia.
En sus apuntes, José María Serra recuerda que Matías Ramón Mella se encargó de disparar su trabuco frente a la Puerta de la Misericordia, con el fin de anunciar el inicio de la revuelta independentista, la noche del 27 de febrero de 1844. Y Francisco del Rosario Sánchez, el líder político de aquella noche, corrió hasta la Puerta del Conde, donde izó por vez primera el símbolo que hoy es sinónimo de su nombre: la bandera del pueblo dominicano.
Un largo camino
Si la declaración de la Independencia Nacional le costó alto sacrificio a Sánchez y a los demás trinitarios, la protección de la nueva República le costaría extensos derrames de sudor y sangre.
Si la declaración de la Independencia Nacional le costó alto sacrificio a Sánchez y a los demás trinitarios, la protección de la nueva República le costaría extensos derrames de sudor y sangre.
El 28 de febrero de 1844, los trinitarios, con Sánchez a la cabeza, y los conservadores, representados en la persona de Bobadilla, conformaron una Junta Gobernativa llena de contradicciones ideológicas, pues el bando conservador buscaba el resguardo de una potencia extranjera, mientras “los muchachos” no tenían más norte que la plena independencia predicada por Juan Pablo Duarte.
Cuando el Patricio regresó del exilio, indican los Apuntes de Rosa Duarte, la Junta en la que Sánchez y Mella eran directivos lo recibió con los mayores honores posibles. Y de inmediato se vio afectada por una guerra de intereses que provocó el destierro de los líderes trinitarios ñel 26 de agosto de 1844, y el surgimiento de Pedro Santana como jefe supremo de la República.
En lo adelante, el dirigente político y combatiente del 27 de febrero participó de los más importantes acontecimientos de la causa dominicana, a veces como estratega, a veces como abogado del sector público, y a veces como fiero combatiente.
Publicado en el Listín Diario, el 9 de marzo del 2011, por Jhonatan Liriano.
Publicado en el Listín Diario, el 9 de marzo del 2011, por Jhonatan Liriano.
Duarte, el buen amigo
A ellos confió sus sueños y planes de independencia, y con ellos fundó, el 16 de julio de 1838, a las 11:00 de la mañana, la sociedad secreta La Trinitaria.
“Llevaba los libros al almacén de su padre, y daba clases gratis, de escritura y de idiomas a los que demostraban deseos de aprender; los enseñaba con gusto sin hacer distinción de clases ni colores, lo que le atraía una popularidad incontrastable, pues estaba fundada en la gratitud; y no tan sólo transmitía sus conocimientos, sino que tenía a la disposición de sus amigos o del que lo necesitara sus libros, sus libros que él tanto estimaba”, recuerda Rosa Duarte en sus “Apuntes”.
Juan Pablo se ganó la admiración de todos los trinitarios porque sus palabras y acciones mostraban una coherencia inusual. En su proyecto no se reconocía “más nobleza que la de la virtud ni más vileza que la del vicio, ni más aristocracia que la del talento”.
Era tanto el aprecio y el respeto que despertaba Juan Pablo entre sus correligionarios, que algunos estaban dispuestos a dar la vida por él en los momentos más críticos de la conspiración contra los haitianos. En julio de 1843 fuerzas militares buscaban apresarlo para desarticular el movimiento. Por razones de seguridad, hasta los más allegados colaboradores desconocían su paradero.
“Don Juan, quiero saber dónde está Juan Pablo, porque nos liga un juramento sagrado, (sic) y es de por la Patria morir juntos. Si usted desconfía de mí, le probaré que no soy de los traidores, lanzándome con este puñal sobre esas tropas que cercan su casa”, llegó a decir Francisco del Rosario Sánchez a Juan José Duarte, padre del joven dirigente.
Una vez conquistada la Independencia, en febrero de 1844, mientras el Padre de la Patria padecía el exilio, sus compañeros se fueron dispersando entre los diferentes bandos políticos.
Algunos, como Felipe Alfau, se convirtieron en representantes del conservadurismo.
Otros, como Matías Ramón Mella, tuvieron que esforzarse para no romper con los principios revolucionarios abrazados en las reuniones de La Trinitaria. Pero todos mantenían la devoción por “aquella alma noble” que construyó las simientes de la República Rominicana. “La historia dirá que fuiste el Mentor de la juventud contemporánea de la patria; que conspiraste, a la par de sus padres, por la perfección moral de toda ella; la historia dirá, ella dirá que no le trazaste a tus compatriotas el ejemplo de abyección e ignominia que le dieron los que te expulsaron”, llegó a escribir el trinitario Juan Isidro Pérez a su “amigo” Duarte en el intercambio de correspondencia.
A Duarte le llegó la vejez luchando por la Patria. En esa lucha su familia se empobreció hasta correr el riesgo de morir de hambre en Venezuela. En 1864, cuando vino a presentar sus servicios a la Restauración de la República, apenas pudo ir a Santiago a dar la última despedida al querido Ramón Mella, postrado en lecho de muerte. Antes el amigo trinitario Félix María del Monte se había encargado de darle otra penosa noticia: ‘Nuestro digno amigo y compañero Sánchez, que tan cordial y entusiastamente te amaba, murió con la esperanza de reunirse a ti en la eternidad, y yo tengo la dicha de volver a hallarte en el tiempo”.
Del Monte se encontró con Duarte el 27 de febrero de 1884, cuarenta años después de la Independencia Nacional, en el Ayuntamiento de Santo Domingo.
Frente al féretro cubierto de flores rojas, blancas y azules, dirigió la última despedida al Padre de la Patria.
“Conocí demasiado a ese adalid de la libertad dominicana. Fue uno de mis íntimos amigos, mi condiscípulo, mi compañero en La Trinitaria, en la Sociedad Filantrópica, en el hecho de armas del 24 de marzo de 1843… Poseo como datos preciosos para la historia nacional las cartas que me enviaba a Puerto Rico, durante mi ostracismo de once años. Sí, yo las conservo como las últimas expansiones de su alma virgen, como los postreros latidos de aquel corazón todo amor y patriotismo”.
Publicado en el Listín Diario, el 26 de enero del 2011, por Jhonatan Liriano.
martes, 11 de enero de 2011
El 4 por ciento es solo el inicio
Por Virginia Rodríguez Grullón
No se trata solo de lograr el 4 por ciento ni se acaba cuando el 4 por ciento se logre. El movimiento ciudadano surgido en los últimos meses en demanda de que el Estado designe ese monto mínimo del Producto Interno Bruto (PIB) al sector educativo es una señal de que la educación comienza a convertirse, finalmente, en un tema prioritario. Es el punto de partida en el proceso de construir un sistema educativo decente, transformador y liberador, como se merece la infancia y la juventud del país. Esa es la gran tarea pendiente de la sociedad dominicana y el reto que tenemos por delante.
Hay razones para celebrar. A pesar de que el Congreso Nacional a penas aprobó 2.3 por ciento del PIB para todo el sector educativo (incluyendo educación universitaria), muy lejos aún del 4 por ciento establecido en la Ley de Educación, la ciudadanía puede sentirse orgullosa de su trabajo.
El primer motivo para alegrarse es el movimiento en sí. Que tantos dominicanos de condiciones y orígenes distintos se unieran a esta causa de manera tan espontánea es un indicio de que nuestra sociedad evoluciona hacia el compromiso colectivo y la sensibilidad social. Es, para los que nos atrevemos a soñar, muestra aún tímida de que la ciudadanía está escuchando la llamada de Janio Lora… está empezando a despertar, a descubrir su propio poder y a tener fe en el país que somos.
El segundo logro es haber colocado el tema en el debate público. Pensadores de la talla de Amartya Sen, premio Nobel de Economía, insisten en la importancia que tiene el debate público para el desarrollo de toda sociedad, pues es en él y a través de él que surgen la motivación, las ideas y el consenso para llevar a cabo reformas. A partir de ahora, la discusión sobre el futuro de la educación dominicana está abierta. Si el sistema educativo actual no está funcionando (como demuestran todos los estudios nacionales e internacionales) es el momento de analizarlo y repensarlo por completo, desde sus bases (qué tipo de ciudadanos queremos formar, con cuáles valores y habilidades, con qué tipo de conocimiento) pasando por toda su estructura (cuáles son los mejores métodos para lograr eso que queremos y con cuáles acciones específicas vamos a llegar hasta ahí).
Hay también motivos de esperanza en los pasos que se están dando para encarar el tema de la educación más allá de la inversión. Me refiero a la creación del Observatorio para el Seguimiento y Monitoreo del Presupuesto Público del Ministerio de Educación, conformado por entidades de larga y respetada trayectoria en el compromiso por la calidad educativa, como lo son el Foro Socioeducativo y el Centro Juan Montalvo. Este tipo de iniciativas, que deben fortalecerse y multiplicarse, pueden contribuir a que el aumento en inversión se traduzca realmente en mejoras para el sistema y entransformaciones más profundas.
Pero asumir ese desafío pasa, obligatoriamente, por aumentar la inversión pública, que en nuestro país ha sido y sigue siendo pírrica, ridícula y vergonzosa cuando se le compara con cualquier nación mínimamente avanzada en desarrollo humano. Y no se trata de justificar o criticar al presente gobierno o a cualquier gobierno de turno, es más bien un tema de nuestras prioridades como Estado dominicano y del cumplimiento a nuestras reglas de juego, que son las leyes, a las que cualquier gobierno tiene que atenerse si quiere mantener su legitimidad.
En el actual contexto el primer paso para la mejora de la educación dominicana es un aumento significativo en la inversión pública, tanto por la necesidad real de recursos como por la importancia simbólica que ha adquirido esa meta. Y para ello la ciudadanía comprometida seguiremos trabajando, llevando el mensaje a donde todavía no ha llegado, concientizando a los que todavía no comprenden los detalles de la situación. Para unir a la causa a tantos padres que sueñan con que sus hijas se eduquen, a tantas madres que trabajan con la ilusión de que sus hijos tengan mayores oportunidades, y a tantos estudiantes que deben enfrentar día a día las precariedades de las escuelas dominicanas. Para que juntos construyamos un sistema educativodigno y de calidad, empezando por donde la ciudadanía sabiamente ha señalado: la inversión.
Sinceras felicitaciones a todas y todos los que se vistieron de amarillo y mucho ánimo para este año: el recorrido es hermoso, pero difícil y largo… y apenas empieza.
lunes, 6 de diciembre de 2010
jueves, 2 de diciembre de 2010
lunes, 22 de noviembre de 2010
Freddy fue acompañado por el pueblo que lo amó
El sol del domingo gris comenzaba a esconderse cuando el cuerpo de Freddy Beras Goico bajó a la tierra, con sus setenta años recién cumplidos. Estaba rodeado de los rostros tristes de sus familiares y amigos, y de los murmullos del pueblo que lo escoltó hasta el cementerio, mojado de lluvia, y de llanto. La gente lo lloraba como se llora a los héroes. “Padre, pediste que siempre te recordemos con una sonrisa en el rostro, pero hoy no podemos. Será otro día”, dijo su hijo Giancarlo al despedirse por última vez del humorista, compositor, productor de televisión y crítico social que sembró alegría, transparencia y esperanza cristiana en todos los rincones de la República.
Los viejos compañeros de trabajo de “El Gordo”, artistas del escenario, quedaron en silencio. Felipe Polanco (Boruga) mordía sus labios, como tragando palabras, mientras la mirada de Cuquín Victoria divagaba por las anchuras del camposanto. Eran las 5:00 de la tarde. Y parecía que Freddy no cabía en un discurso.
“Gracias por dejar a tu familia y a todo el pueblo dominicano la responsabilidad de seguir tus pasos".”
Giancarlo Beras Mejía hijo de Freddy Beras Goico
Giancarlo Beras Mejía hijo de Freddy Beras GoicoPilar, su viuda, recibió sin sobresaltos los abrazos y las condolencias de los cercanos, hasta que José Antonio Rodríguez sacó música a un piano para cantar la canción que Beras Goico pedía en cada cumpleaños, aquella que dice “te sigo queriendo como el primer día, con esta alegría con que voy viviendo. Más que en el relevo de las cosas idas, en la expectativa de los logros nuevos”.
Esos versos de Alberto Cortez provocaron que nuevas y abundantes lágrimas se sumaran a la humedad de la lluviosa y fría tarde. Y que los presentes apenas tuvieran fuerzas para tararearle al fallecido artista el “Amor Eterno” que, a modo de despedida, sonó en el fondo: “Amor eterno e inolvidable. Tarde o temprano estaré contigo para seguir amándonos”.
Escoltado por el pueblo
Los restos sin vida de Freddy Beras Goico salieron de la capilla “E” de la Funeraria Blandino, en la avenida Abraham Lincoln, hacia los estudios de Color Visión, su último espacio de trabajo. A pies, en bicicletas, en motores, carros, camiones y camionetas el pueblo humilde se convirtió caravana.
“Nosotros somos de San Carlos. Buscamos nuestras bicicletas y nos organizamos para acompañar a Freddy, porque ha sido un ejemplo para todas nuestras familias. Para rendirle homenaje a él, vale la pena hacer cualquier sacrificio. Fue un hombre del pueblo”, dijo Euralio Hernández, quien encabezó el grupo de ciclistas que hizo el recorrido desde la funeraria hasta el kilómetro 22 de la autopista Duarte, a la altura del Cementerio Puerta del Cielo.
Al rayar la tarde, el paso del féretro se hacía cada vez más lento, porque cientos de dominicanos y dominicanas salían a dar un último adiós a Beras Goico, sin importar la intensidad del aguacero que arropaba a Santo Domingo. Desde las aceras, mujeres, hombres y niños dejaban mezclar sus lágrimas con el agua caída de las nubes.
“Freddy, querido, el pueblo está contigo. Freddy, querido, el pueblo está dolido”, coreaba la multitud que se desplegó a todo lo largo de la Duarte, como si la frase hubiese sido ensayada con varios días de antelación.
El camino a la tumba se llenó de flores, confites y carteles marcados con palabras de amor, agradecimiento y respeto por un dominicano “honesto”, “trabajador”, “justo”, “sincero”, “generoso” y “combativo”, que se convirtió en héroe y leyenda antes de ser alcanzado por la muerte.
Así, sumergido en un mar de pueblo, “El Gordo” llegó a su última morada. Según la fe cristiana que tanto profesó, sus bromas y sus justas rabietas deberán pasar a ese escenario de Dios llamado cielo.
LA TELEVISIÓN NACIONAL LE RINDIÓ UN HOMENAJE
En cadena nacional, las cámaras de televisión siguieron el féretro con los restos mortales de Freddy Beras Goico hasta el fondo de la fosa. De inmediato voltearon hacia arriba y buscaron el cielo hasta perderse en él. Las pantallas del país presentaron, entonces, la imagen de “El Gordo de la Semana” mientras era cubierta por una sombra expansiva parecida a la muerte. Así, durante un minuto, los principales canales de televisión de la República se ennegrecieron en honor al actor, libretista, compositor, cantante y productor que revolucionó la pantalla chica.
Por primera vez una persona pública recibe un homenaje de silencio que supera a la palabra, y anuncia colectivo dolor e incertidumbre.
Beras Goico (1940-2010) ya es considerado como uno de los padres de la comunicación dominicana. Bajo su dirección se formaron los hombres y mujeres que hoy lideran los medios audiovisuales de la nación. Para despedirlo, presentadores, periodistas, locutores, actores, cantantes, bailarines, y productores se juntaron en el Cementerio Puerta del Cielo. Allí escucharon el documento que Freddy escribió hace 25 años para explicar las únicas preocupaciones que veía en la muerte: “Tan sólo me preocupa que cuando me despida de mis días agotados, y ya descanse en paz, no haber sido ventisca que pasa y nada más, ni huracán indolente, arrogante y voraz.
Que yo haya sido brisa portadora de polen, que hayan nacido rosas por mi lento soplar. Tan sólo me preocupa, si me sorprende el viaje, no lamentarme nada cuando no pueda hablar. Que mis ojos se cierren cuando les de la gana, y en mi conciencia no haya nada que lamentar”.
jueves, 11 de noviembre de 2010
¡Qué no maten a los vendedores de flores, Presidente!
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| El Vendedor de Flores, www.oceansbridge.com |
Algunas personas que presenciaron la acción de la fuerza pública aseguran que el hombre de 24 años era un vendedor de flores, de esos que recorren de arriba a abajo la calle El Sol ofertando los nombres, los colores y hasta los olores de diferentes ramilletes de florecitas, según contó el reportero que cubrió el caso.
Aunque reconozco que la Policía tiene que estar pendiente de mantener el orden público, pienso que los agentes no deben matar a los vendedores de flores así por así.
Estos comerciantes están entre los pocos ciudadanos de esta República de las Maravillas que todavía abren la boca para vociferar bellezas en las primeras horas de la mañana, y en las mejores esquinas de la tarde.
Hago un llamado al Presidente Leonel Fernández para que decrete una orden de “no disparo contra los vendedores de flores”.
El Gobierno no puede permitir que la imposición del orden convierta en víctimas a los hombres y mujeres que se ganan la vida con rosas, claveles, lirios y gladiolos.
Sin flores, nuestras calles serían más tristes y violentas.
¡Qué la Policía no mate a otro vendedor de flores!
Paquito
lunes, 8 de noviembre de 2010
Educación da Poder
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| Imagen tomada de blog.fotocommunity.net |
Sin educación el genio humano queda sepultado bajo las acciones desorganizadas e impulsivas del instinto.
Quienes conocen acostumbran tomar las decisiones más convenientes. Quienes no conocen se mueven en el ámbito de la incertidumbre, y de la incertidumbre pasan al miedo, que es el terreno donde los viles imponen las cadenas de la dependencia.
Fueron los hombres y mujeres mejor educados de Francia los que presentaron e impusieron las ideas que cambiaron el curso de la historia durante la Revolución de 1789. Los países pobres de Asia que a finales del siglo pasado dieron más importancia a la educación hoy son ricos e indispensables actores del mercado mundial.
En Latinoamérica, Chile, Argentina y Brasil están entre los más cercanos ejemplos de aplicación de esta fórmula que no falla.
Y si no falla ¿por qué un país pequeño y vulnerable como República Dominicana no termina de asumir la educación como la respuesta a sus principales problemas? Sencillo. La educación es poder, y el poder no se pide ni se regala. Se construye o se toma.
Los grupos que manejan las estructuras del Estado no necesitan una población mejor educada, porque sería una población más exigente, más atenta a las andanzas de sus representantes, que no iría a las urnas electorales motivada por una botella de ron ni por una funda de alimentos del programa de Asistencia Social de la Presidencia.
La educación mejora la condición humana, pero sus resultados no son tan concretos como las carreteras, los puentes y los elevados que suelen presentarse en las campañas. No es un árbol que dé frutos a corto plazo, como los preferidos por los oportunistas que abundan en el sistema de partidos de esta República de las Maravillas.
Nuestros gobernantes, caudillos sin caballos ni revólveres, no dedicarán sus mejores esfuerzos al sector educativo mientras tengan que saciar el hambre de sus organizaciones, de los partidos aliados, de la deuda externa y los organismos internacionales, y la suya propia. En esta lógica, el poder no se mantiene haciendo lo correcto, sino lo que es conveniente.
Por estas y otras tantas razones, la entrega de mayores recursos al sector educativo no será una decisión de la clase política nacional. Será una imposición de la ciudadanía consciente.
La gente tendrá que buscar la forma de obligar a que sus representantes prioricen la inversión en la fórmula que siempre trae el desarrollo de la mayoría como beneficio. La educación es distribución de poder.
Por Jhonatan Liriano
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domingo, 24 de octubre de 2010
La Resistencia
muchacha sin labial,
y poco en los bolsillos.
Los resistentes, aislados, parecen la derrota,
hombre sin peldaños
o par de alas rotas.
Resistir, en el fondo, resulta ser muy triste
si calla su alegría
el ser que se resiste.
En cambio, si comparte sus hondas esperanzas,
demuestra que este mundo
es algo más que nada.
La resistencia, siempre, implica compromiso.
Es flor, amigos, gente,
respeto por lo vivo.
Los resistentes, juntos, ponen ladrillo al sueño.
Construyen el futuro
con un presente bueno.
Resistir, sin duda, es un enfrentamiento
con montes de egoísmo,
con viles monumentos.
Jhonatan Liriano
Foto: maxxximo.com
sábado, 2 de octubre de 2010
Compromiso con las guayabas
Muchas veces las guayabas eran el cielo. Aparecían en el patio ajeno o en los tupidos montes de San Isidro para saciar con su redondez nuestras hambres e inquietudes. Tú, Paquito, preferías las agrias, porque los adultos decían que las dulces tenían gusanos. Luego supiste que esos blancos animalitos, a los que nunca hiciste caso, se crían dentro de cualquier variedad, y que su consumo no provoca ningún daño a la salud.
“Las guayabas hacen mucho bien a las tripas. No importa si están maduras o verdes. Siempre son buenas”, decías mientras devorabas una a modo de ejemplo.
Aquellos eran tiempos de pandilla infantil. Y esos frutos juntaron nuestros caminos.
Yo salía a marotear por los montes y te encontraba tendido entre los guayabales, con la barriga hinchada de la hartura. Si las plantas estaban repletas, tomábamos las guayabas más maduras (blanditas) para armarnos como fieros miembros de la “guerrilla”. Con los bolsillos cargados iniciábamos la batalla, y el otro se convertía en enemigo. Entonces los guayabazos volaban por dondequiera.
Una vez violaste las normas, desgraciado, y me lanzaste una guayaba verde (dura) que casi me saca un ojo. ¡Caí hecho una mierda del árbol en el que me resguardaba! Todavía estaba aturdido cuando llegué a la casa con el moretón en la frente.
“Jamás vuelvas a esos montes, muchacho de la porra. ¿Tú te estás volviendo loco? Si te vuelves a meter en los guayabales, te voy a dar una pela que ni tu madre te va a conocer”, dijo mi papá en tono de sentencia. Por eso te dejé solo, Paquito, comiéndote las frescas guayabas que eran nuestra alegría común. No fue por miedo a tu puntería, como te habían chismoteado los otros niños del barrio.
En fin, creo que, en cierto modo, a las guayabas debemos parte de lo que somos. Buscándolas, comprendimos importantes elementos de este drama llamado vida.
Hoy que te invito a mi casa, quiero que plantemos juntos esta matica. Dentro de cinco o seis años, si los cálculos no me fallan, los hijos que no tenemos podrán encaramarse en sus ramas. Entonces, les contaremos de nuestro compromiso histórico con esta fruta, sembrada por el mismo Dios en las zonas rurales de la República de las Maravillas.
Escrito por Jhonatan Liriano. Sábado 02 de octubre del 2010.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
viernes, 24 de septiembre de 2010
No me gusta el trabajo
No me gusta el trabajo cuando, después de un largo trayecto de forzada existencia, deja al pobre trabajador en la indigna pobreza.
Debe llamarse maldición y no desarrollo el canje de cinco días y medio de pasivo sometimiento por la mala comida y el pasaje contado.
Aborrezco el trabajo cuando Paquito, que es un mulo hasta las 7:00 o las 8:00 de la noche, se acerca al hogar con la sonrisa divida entre el saludo y el miedo al dolor insistente que le dobla la espalda.
“Las operaciones y la medicina son muy caras y el seguro nada más te cubre una parte. Los padres de familia no debemos enfermarnos”, me dice, en tono de estrategia porque no le gusta quejarse, mucho menos si está delante de los muchachos. “Con la piña tan agria la queja no ayuda”.
Es desgracia el trabajo que enriquece a los viles, mientras los rectos se quedan con los tragos amargos de la indignación.
En este pedazo de isla cerca del 75% de los empleados obtiene menos de 16 mil pesos por alquilarse durante un mes completo. En la cifra están incluidos miles de guardianes de seguridad y abogados, ingenieros eléctricos y plomeros, recepcionistas telefónicos y contadores, médicos, policías y militares. Desde la “vida digna” ninguno puede acceder a la famosa canasta familiar, cuyo costo superó hace mucho los 20 mil pesos. En esas condiciones el trabajo no mejora la existencia, sino que alarga la grisácea sobrevivencia.
¿Por qué no decirlo? No me gusta el trabajo que, con el paso de los días, aumenta tus capacidades y por razones biológicas merma las mías y las de los míos. Es un acto que a veces me parece al suicidio.
Sé de tus afanosos intentos de hacer a tu empresa mucho más competitiva, pero no puedo aceptar una carrera que coloca al producto por encima de mí. También sé que no estás dispuesto a modificar una relación que te da el beneficio y mantiene a los tuyos, pero, por ahora, debo decirte con toda sinceridad que no eres tan bueno, que no me siento cómodo, y que no tengo intención de ser víctima.
Jhonatan Liriano
24 de septiembre del 2010
Paquito
Debe llamarse maldición y no desarrollo el canje de cinco días y medio de pasivo sometimiento por la mala comida y el pasaje contado.
Aborrezco el trabajo cuando Paquito, que es un mulo hasta las 7:00 o las 8:00 de la noche, se acerca al hogar con la sonrisa divida entre el saludo y el miedo al dolor insistente que le dobla la espalda.
“Las operaciones y la medicina son muy caras y el seguro nada más te cubre una parte. Los padres de familia no debemos enfermarnos”, me dice, en tono de estrategia porque no le gusta quejarse, mucho menos si está delante de los muchachos. “Con la piña tan agria la queja no ayuda”.
Es desgracia el trabajo que enriquece a los viles, mientras los rectos se quedan con los tragos amargos de la indignación.
En este pedazo de isla cerca del 75% de los empleados obtiene menos de 16 mil pesos por alquilarse durante un mes completo. En la cifra están incluidos miles de guardianes de seguridad y abogados, ingenieros eléctricos y plomeros, recepcionistas telefónicos y contadores, médicos, policías y militares. Desde la “vida digna” ninguno puede acceder a la famosa canasta familiar, cuyo costo superó hace mucho los 20 mil pesos. En esas condiciones el trabajo no mejora la existencia, sino que alarga la grisácea sobrevivencia.
¿Por qué no decirlo? No me gusta el trabajo que, con el paso de los días, aumenta tus capacidades y por razones biológicas merma las mías y las de los míos. Es un acto que a veces me parece al suicidio.
Sé de tus afanosos intentos de hacer a tu empresa mucho más competitiva, pero no puedo aceptar una carrera que coloca al producto por encima de mí. También sé que no estás dispuesto a modificar una relación que te da el beneficio y mantiene a los tuyos, pero, por ahora, debo decirte con toda sinceridad que no eres tan bueno, que no me siento cómodo, y que no tengo intención de ser víctima.
Jhonatan Liriano
24 de septiembre del 2010
Paquito
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