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martes, 15 de marzo de 2011

No echemos margaritas a los cerdos

En los tiempos de Jesús las margaritas, como ahora, eran flores de sencilla hermosura. Y en su sola existencia guardaban un valor social único.

De ahí que el Cristo invitara a sus seguidores a no echar margaritas a los cerdos, pues aquellos animales de hocico y pezuña nunca apreciarían la belleza, la importancia, la riqueza, el significado de la flor.  Con el mensaje parabólico el evangelio advierte sobre el desperdicio de llevar las joyas de la sabiduría a seres que nunca las valorarán,  que sólo pueden cubrirlas de inmundicias.

En el caso de la presente generación de jóvenes con inquietudes sociales de esta República Dominicana, la misma alegoría es oportuna. Cometen un gran desperdicio los muchachos y las muchachas que ponen el talento, la creatividad y la vida en su plena manifestación al servicio de los proyectos políticos que tienen al Estado como fuente de enriquecimiento.  Colocan el desarrollo de las habilidades humanas en manos de la ambición y el egoísmo que entorpecen la mejoría de la colectividad.

La juventud ha de ser una ruptura con las cadenas que limitan la trascendencia del género, antes que la continuidad de las ambiciones y torpezas que dificultan los vuelos del genio y el espíritu.   Pocas tragedias tienen que ser tan lamentadas como las acciones de un joven adiestrado en la corrupción de la cosa pública.
La libertad, el trabajo, la ciencia, el amor, los intentos de democracia, el arte, la justicia y todo lo bueno que puede citarse en este mundo es el resultado de una larga y sacrificada siembra.

 Millones de hombres y mujeres, de diferentes partes del país y del mundo, tuvieron que derramar mucha sangre, muchas neuronas, mucho sudor y mucho trabajo para que en estos tiempos de incertidumbre la juventud pudiera ver las luces y las flores de la existencia humana. 

Por respeto, agradecimiento y compromiso con nuestro pasado, con nuestro futuro, y con la vida misma, nosotros, los jóvenes, no debemos ni podemos lanzarnos como margaritas al corral de los cerdos. 



Por Jhonatan Liriano, 15 de marzo del 2011.

domingo, 24 de octubre de 2010

La Resistencia


















La resistencia, a veces, parece desaliño,
muchacha sin labial,
y poco en los bolsillos.

Los resistentes, aislados, parecen la derrota,
hombre sin peldaños
o par de alas rotas.

Resistir, en el fondo, resulta ser muy triste
si calla su alegría
el ser que se resiste.

En cambio, si comparte sus hondas esperanzas,
demuestra que este mundo
es algo más que nada.

La resistencia, siempre, implica compromiso.
Es flor, amigos, gente,
respeto por lo vivo.

Los resistentes, juntos, ponen ladrillo al sueño.
Construyen el futuro
con un presente bueno.

Resistir, sin duda, es un enfrentamiento
con montes de egoísmo,
con viles monumentos.

Jhonatan Liriano
Foto: maxxximo.com