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lunes, 25 de abril de 2011

Sexta palabra: "Tengo sed"

“Tengo sed”, dijo el Cristo en los límites de su pasión. Conociendo la ignorancia y el ánimo de burla de sus verdugos, el Hijo de Dios debió saber que su necesidad de agua no sería satisfecha con bondad. Le dieron vinagre, ácido e incisivo vinagre para un cuerpo moribundo.

La innecesaria y abusiva respuesta de aquel soldado no hizo más que justificar la frase terminal que, desde la altura de la cruz, viendo a un pueblo apartado de Dios por la falta de amor, Jesús pronunció como reclamo y como enseñanza.

Tengo sed hoy dice de nuevo Cristo crucificado en la cima del Gólgota, para que nadie alegue ignorancia. Con su propio ejemplo nos recuerda que el mayor de nuestros padecimientos no puede impedir que nos pronunciemos contra lo incorrecto, contra lo que aparta a los hombres de los caminos del Señor.
No deben estar nuestros labios cerrados cuando en Estancia Nueva, Los Haitises, las orillas de El Cachón, El Borojol y otros sectores de San Isidro y el país nuestros hermanos no mueren, pero padecen cruel e injusta hambre. Y es injusta porque otros nos damos el lujo diario de alimentar zafacones y cerdos con comida que nos sobra.

Cómo ser cristiano si no proclamo  mi sed de respeto a los hombres y  mujeres que trabajan todos los días de la semana y no pueden disfrutar un solo momento de paz en sus hogares porque el ruido y la delincuencia los aturden, les llevan intranquilidad a la mente y al corazón.

A la Iglesia, aunque le respondan con el más ácido de los vinagres, le toca decir lo correcto antes que lo conveniente, pues se debe a Dios antes que al mundo. A nosotros nos toca decir que en San Isidro y en el país las autoridades que elegimos para representarnos y protegernos suelen ignorarnos y hasta oprominirnos; que no son herederos de nuestros padres los jóvenes militares y policías que participan y apoyan el narcotráfico, la corrupción y la delincuencia. Esta, hermanos, no es ni será tierra de ladrones y embusteros.
Hoy, recordando al maestro  que murió por no renunciar a sus predicas, nos vemos comprometidos con el anuncio de la Buena Nueva, pero también con la denuncia de aquellos que salen del seno de nuestro pueblo para enriquecerse con el sudor y el sacrificio de nuestro pueblo.
Jesús nos enseñó de manera extraordinaria que ningún servidor puede colocarse por encima del servido. Él mismo bajó a lavar los pies de sus discípulos con el fin de evitar que alguien intentara poner en duda la puntualidad de su mensaje, siempre asociado a hechos concretos.

Así, no deben llamarse cristianos los políticos y funcionarios que viven en una comodidad insultante, mientras los hombres y mujeres de trabajo tienen que sacrificar familia, salud y hasta tranquilidad espiritual para conseguir sobrevivir.

El Señor nos hizo la promesa del Paraíso y la Vida Eterna, y acudimos a él para alcanzarlos y superar las vicisitudes de este mundo pasajero.

Mientras esperamos el cumplimiento de su promesa, sin embargo, tenemos que andar por los caminos de sus enseñanzas.

Proclamemos pues nuestra sed de una comunidad, un  país y un mundo más justo. Y pidamos la fortaleza, la coherencia y el valor de Jesús para construirlos.

Jhonatan Liriano
Sermón de las Siete Palabras
Viernes Santo
Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

lunes, 4 de abril de 2011

Juana, una maestra del campo

Sonriente va la profesora Juana por el camino de Las Lagunetas.

Salta piedras y levanta polvo en tiempos de seca, o bate fango y cruza las aguas elevadas de un riachuelo si los días son de lluvia.

Su cuerpo prominente hace que el motor “70” que usa para transportarse parezca un forzado juguete, cuando en realidad es el único medio que tiene para impartir dos tandas de clase en la escuela multigrado de esta rural y pobre comunidad de San José de Ocoa.

No necesita desmontarse del motor para que alguien salga a su encuentro. Niños y adultos la reconocen en la distancia, porque ven en su fi gura la fi gura de la escuela.

“Tenemos veinticuatro estudiantes, doce en la mañana y doce en la tarde. Solamente damos clase hasta el sexto grado. Cuando los muchachos llegan a ese nivel tienen que irse a la escuela de Arroyo Palma”, dice la profesora y directora de la escuela “Desiderio Andujar” con su voz suave y pausada.

El centro educativo sólo tiene un aula, donde niños y adolescentes de diferentes niveles reciben formación simultáneamente.

La distancia entre cada curso puede ser de uno o dos mosaicos del piso. Y los recursos materiales colindan entre el Texto Integrado del Ministerio de Educación y todo lo que la creatividad de la maestra pueda conseguir.

Las computadoras, radios, videos y demás herramientas tecnológicas recomendadas en los nuevos manuales sólo son instrucciones en papel.

Las condiciones materiales de las familias de Las Lagunetas apenas permiten la subsistencia. Por esta parte del planeta las palabras Internet, computadora, globalización y video conferencia resultan exóticas, aunque se sean empleadas con toda naturalidad entre los libros.

En la escuela tampoco hay espacio de recreación deportiva, ni cocina para preparar el desayuno escolar, cuyas raciones suelen ser menores que la cantidad de bocas infantiles.

Por falta de espacio, los alimentos se preparan en la ofi cina de la Dirección.

Acompañante Juana Franco Mateo está atenta a cada uno de sus alumnos. Conoce a sus padres y los mantiene al tanto de los avances y retrocesos experimentados.

Las limitaciones de recursos observadas en su escuela no borran su sonrisa. Hace ochos años comenzó a trabajar en esta comunidad. Y ya es una experta en superar los obstáculos del camino.

“Cuando llueve, salgo de mi casa con dos pares de zapatos: uno para correr el motor, y otro para entrar a la escuela”, cuenta la maestra Juana sin asumir postura, como si la peligrosa odisea fuera una broma. A su lado alguien dice que, a pesar de la lluvia o el polvo, la profe siempre mantiene la escuelita limpia, como un percal. La afi rmación se valida con un mirada de reconocimiento por el aula-escuela. Se ve limpia y ordenada, como un percal.

Por impartir docencia en a sus veinticuatro estudiantes, distribuidos en dos tandas, y por ser la directora del multigrado, Franco Mateo recibe un salario nominal de RD$22 mil, que con los descuentos de seguridad social, y el pago de un préstamo de vivienda quedan en unos RD$9,000.

La maestra dedica este ingreso a la manutención de su familia, y al consumo de combustible del motor que la lleva y la trae por el camino de Las Lagunetas.


Alimentos servidos en el aula

La profesora Juana Franco Mateo explica que el desayuno y la merienda de la escuela se preparan en el área de la Dirección.

Las madres de los niños colaboran en este proceso, y hacen énfasis en la necesidad de aumentar las raciones, porque no alcanzan para todos.

A continuación LISTÍN DIARIO presenta el inventario de los alimentos asignados a las dos tandas de docencia: 46 unidades de plátano, 34 huevos, 31 panes, 4 libras de queso, 4 libras de arroz, una libra de margarina, 4 libras de salami, 4 libras de harina de maíz, 0.25 libras de sal, 1 libra de cebolla y 0.25 libras de canela.

 Escrito por Jhonatan Liriano, y publicado en la sección Economía y Negocios del Listín Diario, el lunes 4 de abril del 2011. 

martes, 15 de marzo de 2011

No echemos margaritas a los cerdos

En los tiempos de Jesús las margaritas, como ahora, eran flores de sencilla hermosura. Y en su sola existencia guardaban un valor social único.

De ahí que el Cristo invitara a sus seguidores a no echar margaritas a los cerdos, pues aquellos animales de hocico y pezuña nunca apreciarían la belleza, la importancia, la riqueza, el significado de la flor.  Con el mensaje parabólico el evangelio advierte sobre el desperdicio de llevar las joyas de la sabiduría a seres que nunca las valorarán,  que sólo pueden cubrirlas de inmundicias.

En el caso de la presente generación de jóvenes con inquietudes sociales de esta República Dominicana, la misma alegoría es oportuna. Cometen un gran desperdicio los muchachos y las muchachas que ponen el talento, la creatividad y la vida en su plena manifestación al servicio de los proyectos políticos que tienen al Estado como fuente de enriquecimiento.  Colocan el desarrollo de las habilidades humanas en manos de la ambición y el egoísmo que entorpecen la mejoría de la colectividad.

La juventud ha de ser una ruptura con las cadenas que limitan la trascendencia del género, antes que la continuidad de las ambiciones y torpezas que dificultan los vuelos del genio y el espíritu.   Pocas tragedias tienen que ser tan lamentadas como las acciones de un joven adiestrado en la corrupción de la cosa pública.
La libertad, el trabajo, la ciencia, el amor, los intentos de democracia, el arte, la justicia y todo lo bueno que puede citarse en este mundo es el resultado de una larga y sacrificada siembra.

 Millones de hombres y mujeres, de diferentes partes del país y del mundo, tuvieron que derramar mucha sangre, muchas neuronas, mucho sudor y mucho trabajo para que en estos tiempos de incertidumbre la juventud pudiera ver las luces y las flores de la existencia humana. 

Por respeto, agradecimiento y compromiso con nuestro pasado, con nuestro futuro, y con la vida misma, nosotros, los jóvenes, no debemos ni podemos lanzarnos como margaritas al corral de los cerdos. 



Por Jhonatan Liriano, 15 de marzo del 2011.

Sánchez: "Yo soy la bandera"

El nombre de Francisco del Rosario Sánchez encabeza las páginas de la historia de República Dominicana porque una obra como la suya no cabría en otra parte.

En él Juan Pablo Duarte, ideólogo y líder del proyecto de Independencia Nacional, tenía, quizá, al más comprometido y audaz de todos los adeptos de la sociedad secreta La Trinitaria.

Cuando el movimiento comenzó a materializar sus planes, el 16 de julio de 1838, Sánchez se dedicaba al oficio de peinetero o vendedor de peines de concha. Pero sus inquietudes políticas, probablemente animadas en las clases de filosofía que lo pusieron en contacto con Duarte, lo colocaron en los caminos de la construcción social que nunca abandonó.

En su obra “Pensamiento y Acción de los Padres de la Patria”, el historiador Juan Daniel Balcácer cuenta que para 1843 Francisco del Rosario Sánchez se dedicaba a coordinar el movimiento revolucionario La Reforma, concebido por dirigentes haitianos con el fin de derrocar al dictador Jean Pierre Boyer. El nuevo presidente Charles Herard se dio cuenta de que los trinitarios estaban interesados en algo más que La Reforma. Y por eso dio inicio a una persecución que provocó el exilio de Duarte, Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandrino Pina, cabecillas de La Trinitaria.

Sánchez, Matías Ramón Mella y Vicente Celestino Duarte quedaron entonces al frente de las acciones por la Independencia.

“Ellos mantuvieron contacto con Duarte, a quien le solicitaron que gestionara en Venezuela, donde se había radicado temporalmente alguna ayuda económica para la Revolución”, explica Balcácer en el texto referido.

El sobrino de María Trinidad Sánchez se encargó de hacer las gestiones políticas necesarias para que el sector conservador liderado por Tomás Bobadilla se integrara a la causa nacionalista. Algunos historiadores dicen que fue el mismo Sánchez quien redactó el Manifiesto publicado el 16 de enero de 1844, definido como el Acta de Independencia.

En sus apuntes, José María Serra recuerda que Matías Ramón Mella se encargó de disparar su trabuco frente a la Puerta de la Misericordia, con el fin de anunciar el inicio de la revuelta independentista, la noche del 27 de febrero de 1844. Y Francisco del Rosario Sánchez, el líder político de aquella noche, corrió hasta la Puerta del Conde, donde izó por vez primera el símbolo que hoy es sinónimo de su nombre: la bandera del pueblo dominicano.
Un largo camino
Si la declaración de la Independencia Nacional le costó alto sacrificio a Sánchez y a los demás trinitarios, la protección de la nueva República le costaría extensos derrames de sudor y sangre.

El 28 de febrero de 1844, los trinitarios, con Sánchez a la cabeza,  y los conservadores, representados en la persona de Bobadilla, conformaron una Junta Gobernativa llena de contradicciones ideológicas, pues el bando conservador buscaba el resguardo de una potencia extranjera, mientras “los muchachos” no tenían más norte que la plena independencia predicada por Juan Pablo Duarte.

Cuando el Patricio regresó del exilio, indican los Apuntes de Rosa Duarte, la Junta en la que Sánchez y Mella eran directivos lo recibió con los mayores honores posibles. Y de inmediato se vio afectada por una guerra de intereses que provocó el destierro de los líderes trinitarios ñel 26 de agosto de 1844, y el surgimiento de Pedro Santana como jefe supremo de la República.

En lo adelante, el dirigente político y combatiente del 27 de febrero participó de los más importantes acontecimientos de la causa dominicana, a veces como estratega, a veces como abogado del sector público, y a veces como fiero combatiente.

Publicado en el Listín Diario, el 9 de marzo del 2011, por Jhonatan Liriano. 

Duarte, el buen amigo

A la luz del estudio, las discusiones filosóficas y los preparativos revolucionarios, Juan Pablo Duarte cultivó cuidadosamente la relación con sus amigos.

A ellos confió sus sueños y planes de independencia, y con ellos fundó, el 16 de julio de 1838, a las 11:00 de la mañana, la sociedad secreta La Trinitaria.

“Llevaba los libros al almacén de su padre, y daba clases gratis, de escritura y de idiomas a los que demostraban deseos de aprender; los enseñaba con gusto sin hacer distinción de clases ni colores, lo que le atraía una popularidad incontrastable, pues estaba fundada en la gratitud; y no tan sólo transmitía sus conocimientos, sino que tenía a la disposición de sus amigos o del que lo necesitara sus libros, sus libros que él tanto estimaba”, recuerda Rosa Duarte en sus “Apuntes”.

Juan Pablo se ganó la admiración de todos los trinitarios porque sus palabras y acciones mostraban una coherencia inusual. En su proyecto no se reconocía “más nobleza que la de la virtud ni más vileza que la del vicio, ni más aristocracia que la del talento”.
Era tanto el aprecio y el respeto que despertaba Juan Pablo entre sus correligionarios, que algunos estaban dispuestos a dar la vida por él en los momentos más críticos de la conspiración contra los haitianos. En julio de 1843 fuerzas militares buscaban apresarlo para desarticular el movimiento. Por razones de seguridad, hasta los más allegados colaboradores desconocían su paradero.

Don Juan, quiero saber dónde está Juan Pablo, porque nos liga un juramento sagrado, (sic) y es de por la Patria morir juntos. Si usted desconfía de mí, le probaré que no soy de los traidores, lanzándome con este puñal sobre esas tropas que cercan su casa”, llegó a decir Francisco del Rosario Sánchez a Juan José Duarte, padre del joven dirigente.
Una vez conquistada la Independencia, en febrero de 1844, mientras el Padre de la Patria padecía el exilio, sus compañeros se fueron dispersando entre los diferentes bandos políticos.

Algunos, como Felipe Alfau, se convirtieron en representantes del conservadurismo.
Otros, como Matías Ramón Mella, tuvieron que esforzarse para no romper con los principios revolucionarios abrazados en las reuniones de La Trinitaria. Pero todos mantenían la devoción por “aquella alma noble” que construyó las simientes de la República Rominicana. “La historia dirá que fuiste el Mentor de la juventud contemporánea de la patria; que conspiraste, a la par de sus padres, por la perfección moral de toda ella; la historia dirá, ella dirá que no le trazaste a tus compatriotas el ejemplo de abyección e ignominia que le dieron los que te expulsaron”, llegó a escribir el trinitario Juan Isidro Pérez a su “amigo” Duarte en el intercambio de correspondencia.

A Duarte le llegó la vejez luchando por la Patria. En esa lucha su familia se empobreció hasta correr el riesgo de morir de hambre en Venezuela. En 1864, cuando vino a presentar sus servicios a la Restauración de la República, apenas pudo ir a Santiago a dar la última despedida al querido Ramón Mella, postrado en lecho de muerte. Antes el amigo trinitario Félix María del Monte se había encargado de darle otra penosa noticia: ‘Nuestro digno amigo y compañero Sánchez, que tan cordial y entusiastamente te amaba, murió con la esperanza de reunirse a ti en la eternidad, y yo tengo la dicha de volver a hallarte en el tiempo”.

Del Monte se encontró con Duarte el 27 de febrero de 1884, cuarenta años después de la Independencia Nacional, en el Ayuntamiento de Santo Domingo.

Frente al féretro cubierto de flores rojas, blancas y azules, dirigió la última despedida al Padre de la Patria.
Conocí demasiado a ese adalid de la libertad dominicana. Fue uno de mis íntimos amigos, mi condiscípulo, mi compañero en La Trinitaria, en la Sociedad Filantrópica, en el hecho de armas del 24 de marzo de 1843… Poseo como datos preciosos para la historia nacional las cartas que me enviaba a Puerto Rico, durante mi ostracismo de once años. Sí, yo las conservo como las últimas expansiones de su alma virgen, como los postreros latidos de aquel corazón todo amor y patriotismo”.

Publicado en el Listín Diario, el 26 de enero del 2011, por Jhonatan Liriano. 

jueves, 11 de noviembre de 2010

¡Qué no maten a los vendedores de flores, Presidente!

El Vendedor de Flores, www.oceansbridge.com
El muchacho caminaba por las calles de Santiago cuando los policías lo llamaron a revisión. No se detuvo. Entonces los policías dispararon. Y él cayó al suelo,  muerto.

Algunas personas que presenciaron la acción de la fuerza pública aseguran que el hombre de 24 años era un vendedor de flores, de esos que recorren de arriba a abajo la calle El Sol ofertando los nombres, los colores y hasta los olores de diferentes ramilletes de florecitas, según contó el reportero que cubrió el caso. 


Aunque reconozco que la Policía tiene que  estar pendiente de mantener el orden público, pienso que los agentes no deben matar a los vendedores de flores así por así. 


Estos comerciantes están entre los pocos ciudadanos de esta República de las Maravillas que todavía abren la boca para vociferar bellezas en las primeras horas de la mañana, y en las mejores esquinas de la tarde.

Hago un llamado al Presidente Leonel Fernández para que decrete una orden de “no disparo contra los vendedores de flores”. 


El Gobierno no puede permitir que la imposición del orden convierta en víctimas a los hombres y mujeres que se ganan la vida con rosas, claveles, lirios y gladiolos.

Sin flores, nuestras calles serían más tristes y violentas.

¡Qué la Policía no mate a otro vendedor de flores!

Paquito

sábado, 2 de octubre de 2010

Compromiso con las guayabas

Muchas veces las guayabas eran el cielo. Aparecían en el patio ajeno o en los tupidos montes de San Isidro para saciar con su redondez nuestras hambres e inquietudes.

Tú, Paquito, preferías las agrias, porque los adultos decían que las dulces tenían gusanos. Luego supiste que esos blancos animalitos, a los que nunca hiciste caso, se crían dentro de cualquier variedad, y que su consumo no provoca ningún daño a la salud.


“Las guayabas hacen mucho bien a las tripas. No importa si están maduras o verdes. Siempre son buenas”, decías mientras devorabas una a modo de ejemplo.

Aquellos eran tiempos de pandilla infantil. Y esos frutos juntaron nuestros caminos.
Yo salía a marotear por los montes y te encontraba tendido entre los guayabales, con la barriga hinchada de la hartura. Si las plantas estaban repletas, tomábamos las guayabas más maduras (blanditas) para armarnos como fieros miembros de la “guerrilla”. Con los bolsillos cargados iniciábamos la batalla, y el otro se convertía en enemigo. Entonces los guayabazos volaban por dondequiera.

Una vez violaste las normas, desgraciado, y me lanzaste una guayaba verde (dura) que casi me saca un ojo. ¡Caí hecho una mierda del árbol en el que me resguardaba! Todavía estaba aturdido cuando llegué a la casa con el moretón en la frente.

“Jamás vuelvas a esos montes, muchacho de la porra. ¿Tú te estás volviendo loco? Si te vuelves a meter en los guayabales, te voy a dar una pela que ni tu madre te va a conocer”, dijo mi papá en tono de sentencia. Por eso te dejé solo, Paquito, comiéndote las frescas guayabas que eran nuestra alegría común. No fue por miedo a tu puntería, como te habían chismoteado los otros niños del barrio.

En fin, creo que, en cierto modo, a las guayabas debemos parte de lo que somos. Buscándolas, comprendimos importantes elementos de este drama llamado vida.

Hoy que te invito a mi casa, quiero que plantemos juntos esta matica. Dentro de cinco o seis años, si los cálculos no me fallan, los hijos que no tenemos podrán encaramarse en sus ramas. Entonces, les contaremos de nuestro compromiso histórico con esta fruta, sembrada por el mismo Dios en las zonas rurales de la República de las Maravillas.

Escrito por Jhonatan Liriano. Sábado 02 de octubre del 2010. 

jueves, 29 de julio de 2010

Esa funesta generación

Entraron a destiempo a la formalidad y, como buenos aprendices, aprehendieron las palabras de la descarada manipulación.

Para no enfrentarse con la conciencia y los impulsos naturales que llevan a la libertad y al cambio, se hicieron desmemoriados, despreciaron la reflexión y la crítica, y se inclinaron por las palabras desiertas y la sonrisa fingida.  Esos muchachos van construyendo tragedias.  

Son los que conforman la emergente generación de políticos del sistema de partidos de esta República de las Maravillas.  Estudian con disciplina los caminos más prácticos que llevan al poder, sin detenerse un instante en las páginas de valores, ciencia o compromiso desinteresado con la vida. 
Usted los conoce. Todos los días se mueven como roedores bajo la sombra de los “grandes líderes”, a quienes desean superar en el futuro. 

En el pasado proceso electoral muchos se dejaron ver la cabeza. Andaban repartiendo dinero y mercancías baratas, comprando cédulas y mostrando las armas y los vehículos propios de vandalismo político, porque eso es lo que son: vándalos. Forman pequeñas estructuras de asalto, y marcan al presupuesto público como víctima principal.

No tienen respeto por el trabajo honrado y transparente. Si se les ve moviéndose como caballos en tiempos de campaña, es porque tienen la firme intención de pasar factura inmediata a los candidatos ganadores.
Esa funesta generación es la que pretende suceder a la clase política gobernante, con la diferencia de que ninguno de sus miembros se formó en agrupaciones populares o de izquierda. Todos son, directa o indirectamente, hijos del clientelismo.

Con el arresto de un grupo de jóvenes funcionarios de las aduanas de Santiago, acusados de mantener millonarios movimientos de contrabando, el país pudo apreciar pequeños matices de la conducta de los “líderes emergentes” que gravitan en los partidos tradicionales. Que nadie dude de sus intenciones individualistas. Los mueve el dinero y el poder,  que en este país son la misma cosa.
Por el bien del futuro y la sanidad del presente, alguien tendrá que hacerle frente a esa juventud antinatural, funesta.

Por Jhonatan Liriano
  

lunes, 21 de septiembre de 2009

Quisiera ser un ave


Quisiera ser un ave, como tú, muchacha, y volar sin mesuras por encima del suelo. Quisiera tener plumas que me permitan acariciar los hilos del viento mientras me dejo llevar a cualquier sitio.
A veces me sientes planeando contigo, bebiendo nubes, mordiendo estrellas o mirando a los lejos. Pero no pertenezco a la familia avícola, querida. Nunca podré como tú vivir el cielo ni bajar a tierra solamente a buscar los frutos del árbol o el nido.
Cuando recorro las alturas con el pecho lleno de espacio y horizonte siento miedo. Me intranquiliza el recuerdo de mis iguales. Sí, la imagen de esos que ves muy pequeños. No saben volar. Ni siquiera han visto las reales alturas del hombre. Fueron obligados a caminar lentamente entre lodazales de injusticia y mezquindad.
Trato de acompañarlos un par de ocasiones por semana. A veces despego de repente y hago un paquete de piruetas frente a sus ojos sorprendidos, no con la intención de causarles envidia, sino para motivarlos a incursionar en las vías del aire.
“Anímense, chulos. Si alzan vuelo podrán disfrutar junto a sus familias de las glorias del desarrollo, de las tres comidas, del médico a tiempo, del sexo sin hinchazón, del Dios que les de la gana y de tantas otras comodidades permitidas sólo a emplumados”, les voceo desde las alturas para animarlos. Pero pocas veces responden porque el ruido del televisor, la campaña política o el Loto comienza a presentarles distracciones.
A pesar de esa barrera los prefiero, porque fui como ellos. Son mi pasado, mi presente y, si consigo ayudarlos a levantar vuelo, iremos juntos a navegar en los aires del futuro.
Tú en cambio eres una hermosa golondrina. Dominas tan bien las alturas que pareces nacida de una nube. Puedes buscarte un verdadero acompañante emplumado, uno que no detenga las acrobacias para sentarse a observar la dinámica del suelo. Álzate y se coherente con tu instinto de pasajera del mundo. Mientras, yo me quedo volando aquí, aterrizando allá y caminando por acullá.
Cuando quieras nos revolcamos en aquel nidito que te gusta mucho. Como siempre, tú me clavas tus garras y yo te ensucio el sudado plumaje con la tierra de mis manos, pero teniendo en cuenta que nuestras cartas de navegación jamás serán las mismas, porque no soy un ave, muchacha, aunque a veces me veas volando.

martes, 25 de noviembre de 2008

El encuentro


La vez que comencé a buscarme, encontré a Paquito. Bastó con fijar mis ojos a un metro de distancia para que el rostro de aquel ser, tan lleno de rostros, se presentara y se apropiara de mi atención, de mis preguntas, de mi ingenuo deseo de cambiar los tristes colores de las casas del barrio. Pronto descubrí sus manos, que no son manos, que son palancas que levantan los suelos y los hacen torre del Malecón, “vívere” del Mercado Nuevo, o brócoli del que se come en Piantini. Las manos de Paquito perfuman la mañana con olor a café. Tienen surcos por donde corre toda la miel de esta media isla, las guaguas públicas y los motoconchos.
El tipo vive en la parte atrás del país. Es el que sale de un callejón periférico cada madrugada para ir a la ciudad, a veces al campo. Una vez allí organiza el buffet, administra la caja de cobros, vende tarjetas de llamada en un semáforo, cuida la espalda a un “pana” que ahora es funcionario, escribe la noticia, maneja una yipeta, explica la tarea a los niños que no se parecen a los suyos, y regresa por el mismo callejón a prepararse para la faena del día siguiente. Paquito es un luchador y conocerlo es mi gran orgullo. No todos los jóvenes pueden darse ese bombo. Soy un “cheposo”. Recuerdo que mis profesores de la escuela siempre lo mencionaban. Pero vestían su cara con cientos de comparaciones históricas que lo hacían ver como a un ser terminado e inmóvil. La televisión lo caricaturiza. Lo presenta como un hombre orgulloso del progreso y la modernidad que le rodean, cuando a Paquito la indignación y la vergüenza no le caben en el pecho por la tanta miseria que ve crecer alrededor de la abundancia ostentada por tres apellidos, “porque aquí los sueños nunca terminan de gatear”.
Aunque todavía soy incapaz de definirlo por completo, lo reconozco a leguas. Y ninguna publicidad, ni salami, ni retórica podría distraerme de él. Me importa un chele el circo que se monta cada principio de año para celebrarlo. Un día no es suficiente para honrar a un nombre. Paquito es más grande que las banderas levantadas por los brazos sucios de olvido. Su espíritu sobrepasa la alegría del merengue y la amargura de la bachata. No se deja esclavizar por los tragos del ron ni por los puñetazos con los que “el viejo” acariciaba a “la vieja”. Crece. Se alimenta con hermosas mañanas y, pese a que algunos quisieran lo contrario, se sienta a beberse el mar de vez en cuando, a bañarse de arena, y de sol, y de tarde. Es un ser inconcluso que busca la coherencia, que prefiere un pan para todo la mesa a un filete para el “señor de la casa”. Y por eso lo busco, porque hurgando su nombre descubro el mío. Es “un montón de sueños rotos, que nunca mueren, se vuelven otros”.