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viernes, 14 de diciembre de 2012

Huchi Lora, por ejemplo


                                      
                                       “Los grandes espíritus son los que asocian las luces del intelecto con las  magnificencias del corazón.” José Ingenieros.


Es un atrevimiento desconcertante, pero común. En esta sociedad “fabulesca” los seres envilecidos y envilecedores no se conforman con presidir los caminos de las sombras. Buscan con afán el reconocimiento público que corresponde a la virtud.   

El ladrón reclama para sí el título del generoso. El mediocre quiere desmontar las observaciones de la academia. Los manipuladores se erigen como voces sinceras y objetivas. Y quienes se especializan en hundir los principios fundamentales del colectivo insisten en presentarse como los imprescindibles libertadores de la patria. Los dominicanos, sin lugar a dudas, vivimos el tremendo “cambalache” descrito por Enrique Santos Discépolo en las letras de aquel tango inmortal. 

Sin embargo, para nuestro bien, para alimento de nuestras esperanzas, las generaciones emergentes todavía podemos distinguir en el escenario público a los hombres y mujeres de verdadera entereza, a quienes, sin importar las circunstancias, persiguen el imperio de la justicia y el bien general, esas dos hermosuras de la razón. 

Huchi Lora, por ejemplo, es uno de esos casos de clara y edificante trayectoria.
Los jóvenes periodistas podemos ver en él una actitud que trasciende la mera función comunicativa para colocarse en el plano de lo pedagógico. No asume las poses de la vanidad, ni rebusca en su amplio bagaje cultural las palabras domingueras tan frecuentes en las voces mercantiles de bajo vuelo.  Habla, y, cuando habla, monta sobre la palabra serena el debido argumento, el dato preciso.

Su exabrupto no es el de la soberbia ni el del pasador de facturas. Es la reacción del espíritu que se indigna ante la injusticia y el abuso de poder.

A Huchi Lora no se le notan las alteraciones del comunicador interesado en alimentar pasiones o aumentar audiencia (que suelen ser la misma cosa). Su práctica, insisto, más que comunicación parece hambre por enseñar, por despertar las conciencias que nuestra escuela rota, precaria y olvidada no ha podido despertar en la mayoría.
Desde la pantalla del televisor o por la radio podemos observar cómo demuestra que el periodismo sí debe parcializarse… a favor de la ley, de la ciencia, y de los más nobles principios de la vida en sociedad.

¿O acaso otro comunicador levantó más alto que él la bandera (o la sombrilla) del 4%? ¿Alguien puede acusarlo de faltar a la ética profesional o a la pluralidad de su público por ello? De ninguna manera. Frente a la injusticia evidente la ambigüedad es refugio del cómplice y del cobarde. Y Huchi es valiente, y claro. En su ejercicio se cumple la definición que una vez hiciera el maestro polaco Ryszard Kapuscinski en la obra “Los cínicos no sirven para este oficio”: para ser un buen periodista, ante todo, hay que ser un buen ser humano.

Por estas y otras tantas razones, el miércoles pasado Participación Ciudadana le hizo un reconocimiento público. Y yo, como ciudadano y periodista agradecido de su ejemplo, me sumo a la iniciativa. Siento que es justo y necesario, sobre todo ahora que los hijos de la penumbra intentan secuestrar hasta los laureles del decoro.

Invito a hacer lo mismo. Levantemos, reconozcamos, señalemos a viva voz, y por todos los medios posibles, a los hombres y mujeres que luchan a diario por hacer de sus hogares, de sus vecindarios, de sus espacios de trabajo y de toda la República Dominicana un lugar más justo, más digno.

@jhonatanliriano

jueves, 29 de septiembre de 2011

Este barrio no es mío



Este barrio no es mío. Pero tampoco es de nadie.

No tiene dueño ese asfalto blanquecino de la calle, ni la acera estrecha que recoge los pasos de tanta gente fugaz.

Los vecinos de aquí son leyendas, construcciones prejuiciadas que sueltan el saludo como piensan el respiro.

¿Quién podría reclamar la posesión legítima de estas puertas cerradas al día, a la tarde, a la noche? Hierros coloridos amplían la tristeza de nuestra distancia. Protegen los hogares del repentino delincuente, capaz de llevarse la vida aunque la deje intacta.

Por este barrio hasta el aroma a café se queda escondido. Lo huelo asomarse con el alba, altanero y dinámico, pero nunca lo encuentro hecho taza de buen vecino, mucho menos estrategia de acercamiento.

En este barrio, llamado eufemísticamente urbanización, ni siquiera hay un parque. Hay una esquina selvática donde no juega el niño, donde no se besan los novios, ni se enfrentan los sueños. Cervezas y estruendo la arrastran a la figura de una cantina cualquiera. Y hasta los cantineros saben que un parque no es una cantina.


Si estoy en este barrio es porque no tengo otro. El que tuve lo dejé parqueado junto a la adolescencia, el mismo día en que salí a buscar los habilidades, y con las habilidades el moro. Ahora vivo aquí, en esta vaina que no es barrio ni urbanización ni nada, entre una mezcla de carnes y concreto. Entro y salgo como por un túnel desierto del que nada me importa, y al que nada le importo.

No quisiera ver a mis hijos creciendo en esta nada. Tengo que volver a mi barrio, o por lo menos construir uno mío.
Jhonatan Liriano

lunes, 8 de agosto de 2011

Porque estás ahí



Si eludo a las luciérnagas 
que me salen al camino 
o si rompo los silencios
que me puedan convenir

si prefiero calle y gente
a confort envilecido
o si enfrento la injusticia
sobre casa que es ajena
 
no es que piense ser más fuerte
en mis pasos solitarios
ni pretendo ser martillo
en pared de corrupción.

Si mis manos van forjando,
con amor, otros senderos,
o mis rifles se encarrilan
al origen del dolor

nunca pienses que soy tonto
pretencioso del martirio
ni payaso que se duerme
en laurel de vanidad
 
Porque estás ahí me crezco,
voy henchido de valor.
Porque estás ahí reclamo
la justicia y la razón.

Porque no me falta verte,
ni escucharte ni tocarte
para tener la certeza
de tus pasos junto a mí.

Porque estás ahí mi frente
se levanta orgullosa
y mis brazos siempre esperan
aquel día que vendrá

Jhonatan Liriano

martes, 26 de julio de 2011

Margaritas y perlas

No se parecen


Las ciencias sociales explican que para que un grupo represente fielmente a una población debe poseer sus principales características observables. En el caso político, para que los dirigentes partidistas de nuestra democracia representativa sean manifestaciones abreviadas del interés de la mayoría deberían verse, sentirse, olerse, escucharse como sus representados.

Pero no es así. Suelen parecer grandes empresarios sin producción ni austeridad, maestros de las artes escénicas en medio de un drama que se siente comedia, o mercaderes venecianos vestidos con orientación de certeros asesores de imagen (se exceptúan los imitadores de bachateros).

El senador del Distrito Nacional, por ejemplo, ¿vive como el hombre promedio de la capital? ¿Reside por lo menos cerca de su cotidianidad alimenticia o económica? ¿Ha sentido la incertidumbre que provoca la cercana delincuencia? ¿Cómo pueden los altos dirigentes reformistas o perredeístas ser la manifestación de los pobres urbanos o rurales si a esa clase solo la ven en campaña electoral y en televisión?

Cada vez los partidos y el pueblo se parecen menos. Mientras la imagen de los modestos pero millonarios diputados, senadores y funcionarios se acerca más a la de magnates industriales, la de jornaleros, motoconchos, campesinos, pequeños comerciantes, profesionales, policías, amas de casa y choferes se aleja más de los referentes del bienestar humano. No se parecen. La representación es un cuento, un enema.

jueves, 7 de julio de 2011

Lo sagrado

Visitaba la iglesia cuando menos creía en Dios. Entraba y salía del templo en busca de la formación que no hubo en la casa, de un par de amigos interesados en ser buenos y, de manera especial, en busca de las formas y colores de las muchachas de San Isidro. 


El altar, las cruces, la imagen de Nuestra Señora de Fátima y el sagrario eran parte de los signos y espacios venerables de la parroquia. Pero yo no los veneraba. Apenas aprendí a respetarlos por no faltar el  respeto a los demás feligreses. 


En la Pastoral Juvenil siempre preferí el teatro, la discusión de temas sociales y la cultura en sentido general. Mi corazón y mi mente se mantenían inquietos por los asuntos del suelo.  Mientras mis compañeros conseguían alborotar las voces y los brazos en cada momento de oración grupal, porque sentían la presencia del Espíritu Santo,  a mí me tocaba guardar silencio y reconocer sin engañifas mi falta de fe.
Era y aún soy un mal católico, sin remordimientos importantes.  


Pero ahora, que no frecuento el templo como antes,  paradójicamente puedo distinguir con facilidad espacios y asuntos que entiendo sagrados, dignos del más alto de los respetos y de permanente veneración.
Además del contundente y transformador mensaje del amor divulgado por Jesús, vigilo y protejo la relación con mi familia y mis amigos. Entre ellos mi alma pretende la desmesura. 


Al hombre y la mujer de trabajo los mantengo en el más alto de mis altares, como tengo a los desconocidos y conocidos que van por el mundo con la actitud innegociable de ser justos. En mis nubes están los coherentes, aquellos que en cada huella conjugan discursos y batallas. Y en mi cielo, en la cúspide del individual sistema de veneración que me construyo, están los sagrados nombres de seres que se interesan en construir una sociedad que realmente sea de todos. Por ellos me atrevería a prender un par de velas de santuario.  También me atrevería a perder las formas por defenderlos.

Dejaría ver mis más fuertes emociones si escucho al oportunista, mediocre y corrupto atentando contra cualquiera de los pocos  hombres y mujeres que mantienen coherencia entre el discurso de la verdad y la acción transparente, incuestionable. 

La gente buena es tan escasa en estos tiempos que no se debe permitir la menor agresión en su contra, mucho menos si viene de uno de los tantos rufianes que andan por nuestras calles vestidos de caballeros moralistas, cuando en realidad son perversos adoradores del poder y la riqueza de dudosa procedencia. 

Pienso que para salvarse de sus desvaríos  nuestra sociedad, nuestra región y nuestro mundo necesitarán más de la conducta honesta y sabia que de los objetos de lujo, el dinero y la ciencia.

Ahora que no frecuento el templo, alzo mis brazos y mis labios para reconocer la nobleza de quienes utilizan sus talentos con deseo de hacer lo correcto antes de lo conveniente. 


Si puedo decir que Dios existe, es porque entiendo que algo sagrado hay dentro de esos humildes seres que reconocen lo efímero de esta vida y el largo camino que la humanidad todavía necesita recorrer antes de superar las cadenas que se ha impuesto desde la sinrazón. A ellos y ellas vayan mis aprecios y mi acompañamiento.

Jhonatan Liriano

lunes, 23 de mayo de 2011

Vuela

Quiere volar. Y de algún modo vuela. Cierra los ojos, como para sentir el despegue en cada poro. Se deshace de las manos que intentan atarla a este mundo con caricias mortales. Descubre, toca las punzantes alas de su piel. Arde y navega en el delirio. 

Yo la miro, temeroso de perderla entre las nubes. Ella aletea sin pensar en mí. Trina, y ya no se debe al mundo. Busca mientras trina las alturas de Dios. Es una paloma oscura que se hace fuego delante de mis ojos, testigos del milagro, y de mis manos, inutilizadas por su ascenso. 

Cuando baja no recuerda las elevaciones. Regresa con el desconcierto de niña recién nacida. Yo no olvido porque la he contemplado sobre las nubes de la sensación. Es una mujer, pero una mujer que vuela.

Jhonatan Liriano 

lunes, 25 de abril de 2011

Sexta palabra: "Tengo sed"

“Tengo sed”, dijo el Cristo en los límites de su pasión. Conociendo la ignorancia y el ánimo de burla de sus verdugos, el Hijo de Dios debió saber que su necesidad de agua no sería satisfecha con bondad. Le dieron vinagre, ácido e incisivo vinagre para un cuerpo moribundo.

La innecesaria y abusiva respuesta de aquel soldado no hizo más que justificar la frase terminal que, desde la altura de la cruz, viendo a un pueblo apartado de Dios por la falta de amor, Jesús pronunció como reclamo y como enseñanza.

Tengo sed hoy dice de nuevo Cristo crucificado en la cima del Gólgota, para que nadie alegue ignorancia. Con su propio ejemplo nos recuerda que el mayor de nuestros padecimientos no puede impedir que nos pronunciemos contra lo incorrecto, contra lo que aparta a los hombres de los caminos del Señor.
No deben estar nuestros labios cerrados cuando en Estancia Nueva, Los Haitises, las orillas de El Cachón, El Borojol y otros sectores de San Isidro y el país nuestros hermanos no mueren, pero padecen cruel e injusta hambre. Y es injusta porque otros nos damos el lujo diario de alimentar zafacones y cerdos con comida que nos sobra.

Cómo ser cristiano si no proclamo  mi sed de respeto a los hombres y  mujeres que trabajan todos los días de la semana y no pueden disfrutar un solo momento de paz en sus hogares porque el ruido y la delincuencia los aturden, les llevan intranquilidad a la mente y al corazón.

A la Iglesia, aunque le respondan con el más ácido de los vinagres, le toca decir lo correcto antes que lo conveniente, pues se debe a Dios antes que al mundo. A nosotros nos toca decir que en San Isidro y en el país las autoridades que elegimos para representarnos y protegernos suelen ignorarnos y hasta oprominirnos; que no son herederos de nuestros padres los jóvenes militares y policías que participan y apoyan el narcotráfico, la corrupción y la delincuencia. Esta, hermanos, no es ni será tierra de ladrones y embusteros.
Hoy, recordando al maestro  que murió por no renunciar a sus predicas, nos vemos comprometidos con el anuncio de la Buena Nueva, pero también con la denuncia de aquellos que salen del seno de nuestro pueblo para enriquecerse con el sudor y el sacrificio de nuestro pueblo.
Jesús nos enseñó de manera extraordinaria que ningún servidor puede colocarse por encima del servido. Él mismo bajó a lavar los pies de sus discípulos con el fin de evitar que alguien intentara poner en duda la puntualidad de su mensaje, siempre asociado a hechos concretos.

Así, no deben llamarse cristianos los políticos y funcionarios que viven en una comodidad insultante, mientras los hombres y mujeres de trabajo tienen que sacrificar familia, salud y hasta tranquilidad espiritual para conseguir sobrevivir.

El Señor nos hizo la promesa del Paraíso y la Vida Eterna, y acudimos a él para alcanzarlos y superar las vicisitudes de este mundo pasajero.

Mientras esperamos el cumplimiento de su promesa, sin embargo, tenemos que andar por los caminos de sus enseñanzas.

Proclamemos pues nuestra sed de una comunidad, un  país y un mundo más justo. Y pidamos la fortaleza, la coherencia y el valor de Jesús para construirlos.

Jhonatan Liriano
Sermón de las Siete Palabras
Viernes Santo
Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

lunes, 4 de abril de 2011

Juana, una maestra del campo

Sonriente va la profesora Juana por el camino de Las Lagunetas.

Salta piedras y levanta polvo en tiempos de seca, o bate fango y cruza las aguas elevadas de un riachuelo si los días son de lluvia.

Su cuerpo prominente hace que el motor “70” que usa para transportarse parezca un forzado juguete, cuando en realidad es el único medio que tiene para impartir dos tandas de clase en la escuela multigrado de esta rural y pobre comunidad de San José de Ocoa.

No necesita desmontarse del motor para que alguien salga a su encuentro. Niños y adultos la reconocen en la distancia, porque ven en su fi gura la fi gura de la escuela.

“Tenemos veinticuatro estudiantes, doce en la mañana y doce en la tarde. Solamente damos clase hasta el sexto grado. Cuando los muchachos llegan a ese nivel tienen que irse a la escuela de Arroyo Palma”, dice la profesora y directora de la escuela “Desiderio Andujar” con su voz suave y pausada.

El centro educativo sólo tiene un aula, donde niños y adolescentes de diferentes niveles reciben formación simultáneamente.

La distancia entre cada curso puede ser de uno o dos mosaicos del piso. Y los recursos materiales colindan entre el Texto Integrado del Ministerio de Educación y todo lo que la creatividad de la maestra pueda conseguir.

Las computadoras, radios, videos y demás herramientas tecnológicas recomendadas en los nuevos manuales sólo son instrucciones en papel.

Las condiciones materiales de las familias de Las Lagunetas apenas permiten la subsistencia. Por esta parte del planeta las palabras Internet, computadora, globalización y video conferencia resultan exóticas, aunque se sean empleadas con toda naturalidad entre los libros.

En la escuela tampoco hay espacio de recreación deportiva, ni cocina para preparar el desayuno escolar, cuyas raciones suelen ser menores que la cantidad de bocas infantiles.

Por falta de espacio, los alimentos se preparan en la ofi cina de la Dirección.

Acompañante Juana Franco Mateo está atenta a cada uno de sus alumnos. Conoce a sus padres y los mantiene al tanto de los avances y retrocesos experimentados.

Las limitaciones de recursos observadas en su escuela no borran su sonrisa. Hace ochos años comenzó a trabajar en esta comunidad. Y ya es una experta en superar los obstáculos del camino.

“Cuando llueve, salgo de mi casa con dos pares de zapatos: uno para correr el motor, y otro para entrar a la escuela”, cuenta la maestra Juana sin asumir postura, como si la peligrosa odisea fuera una broma. A su lado alguien dice que, a pesar de la lluvia o el polvo, la profe siempre mantiene la escuelita limpia, como un percal. La afi rmación se valida con un mirada de reconocimiento por el aula-escuela. Se ve limpia y ordenada, como un percal.

Por impartir docencia en a sus veinticuatro estudiantes, distribuidos en dos tandas, y por ser la directora del multigrado, Franco Mateo recibe un salario nominal de RD$22 mil, que con los descuentos de seguridad social, y el pago de un préstamo de vivienda quedan en unos RD$9,000.

La maestra dedica este ingreso a la manutención de su familia, y al consumo de combustible del motor que la lleva y la trae por el camino de Las Lagunetas.


Alimentos servidos en el aula

La profesora Juana Franco Mateo explica que el desayuno y la merienda de la escuela se preparan en el área de la Dirección.

Las madres de los niños colaboran en este proceso, y hacen énfasis en la necesidad de aumentar las raciones, porque no alcanzan para todos.

A continuación LISTÍN DIARIO presenta el inventario de los alimentos asignados a las dos tandas de docencia: 46 unidades de plátano, 34 huevos, 31 panes, 4 libras de queso, 4 libras de arroz, una libra de margarina, 4 libras de salami, 4 libras de harina de maíz, 0.25 libras de sal, 1 libra de cebolla y 0.25 libras de canela.

 Escrito por Jhonatan Liriano, y publicado en la sección Economía y Negocios del Listín Diario, el lunes 4 de abril del 2011. 

lunes, 21 de marzo de 2011

El maldeamor


El maldeamor es una vaina que te desajusta, que te desmonta todos los significados. Fácilmente puede convertir la mejor tarde de sábado en un deprimente derroche de mucosa nasal y tuiteo de pendejadas.

No hay llamada ni chercha que lo cure. Cuando alguien intenta distraerlo con dos o tres petacazos, apenas consigue acentuarlo, con risas estúpidas, y hasta con babeo. Y ahí sí es difícil la situación, porque de la tristeza brutal se pasa a la risa sin razón, a la payasada. 

El maldeamor altera los sentidos, hace que la más tonta canción romántica te recuerde momentos que ni siquiera viviste, o que la voz de quien no está en ti aparezca en todas partes, con una omnipresencia que el mismo Dios envidiaría. ¿Y los olores? Sin buscarlo, encuentras el perfume de aquella persona que te saca el pie en un desabrido pepino de ensalada o en una esquina de la cama en la que nunca estuvo.
Quien tiene maldeamor exagera la comida. No come nada hasta que se le pasa la enfermedad, o se traga un tanque de lo que sea hasta que le llega el sueño por  hartura simple. 
En vano llueven los consejos de la madre, el padre, los tíos o los amigos. Nadie tiene la fórmula adecuada para evadir los síntomas del maldeamor, capaces de tumbar al hombre más robusto y a la mujer más determinada.

Sólo el tiempo puede hacerle frente a este fenómeno que por lo menos sirve para recordarnos dónde, cómo y por qué se agita aquel aparato musculoso llamado corazón.


Escrito por Jhonatan Liriano. Foto enhabito.com

martes, 15 de marzo de 2011

Duarte, el buen amigo

A la luz del estudio, las discusiones filosóficas y los preparativos revolucionarios, Juan Pablo Duarte cultivó cuidadosamente la relación con sus amigos.

A ellos confió sus sueños y planes de independencia, y con ellos fundó, el 16 de julio de 1838, a las 11:00 de la mañana, la sociedad secreta La Trinitaria.

“Llevaba los libros al almacén de su padre, y daba clases gratis, de escritura y de idiomas a los que demostraban deseos de aprender; los enseñaba con gusto sin hacer distinción de clases ni colores, lo que le atraía una popularidad incontrastable, pues estaba fundada en la gratitud; y no tan sólo transmitía sus conocimientos, sino que tenía a la disposición de sus amigos o del que lo necesitara sus libros, sus libros que él tanto estimaba”, recuerda Rosa Duarte en sus “Apuntes”.

Juan Pablo se ganó la admiración de todos los trinitarios porque sus palabras y acciones mostraban una coherencia inusual. En su proyecto no se reconocía “más nobleza que la de la virtud ni más vileza que la del vicio, ni más aristocracia que la del talento”.
Era tanto el aprecio y el respeto que despertaba Juan Pablo entre sus correligionarios, que algunos estaban dispuestos a dar la vida por él en los momentos más críticos de la conspiración contra los haitianos. En julio de 1843 fuerzas militares buscaban apresarlo para desarticular el movimiento. Por razones de seguridad, hasta los más allegados colaboradores desconocían su paradero.

Don Juan, quiero saber dónde está Juan Pablo, porque nos liga un juramento sagrado, (sic) y es de por la Patria morir juntos. Si usted desconfía de mí, le probaré que no soy de los traidores, lanzándome con este puñal sobre esas tropas que cercan su casa”, llegó a decir Francisco del Rosario Sánchez a Juan José Duarte, padre del joven dirigente.
Una vez conquistada la Independencia, en febrero de 1844, mientras el Padre de la Patria padecía el exilio, sus compañeros se fueron dispersando entre los diferentes bandos políticos.

Algunos, como Felipe Alfau, se convirtieron en representantes del conservadurismo.
Otros, como Matías Ramón Mella, tuvieron que esforzarse para no romper con los principios revolucionarios abrazados en las reuniones de La Trinitaria. Pero todos mantenían la devoción por “aquella alma noble” que construyó las simientes de la República Rominicana. “La historia dirá que fuiste el Mentor de la juventud contemporánea de la patria; que conspiraste, a la par de sus padres, por la perfección moral de toda ella; la historia dirá, ella dirá que no le trazaste a tus compatriotas el ejemplo de abyección e ignominia que le dieron los que te expulsaron”, llegó a escribir el trinitario Juan Isidro Pérez a su “amigo” Duarte en el intercambio de correspondencia.

A Duarte le llegó la vejez luchando por la Patria. En esa lucha su familia se empobreció hasta correr el riesgo de morir de hambre en Venezuela. En 1864, cuando vino a presentar sus servicios a la Restauración de la República, apenas pudo ir a Santiago a dar la última despedida al querido Ramón Mella, postrado en lecho de muerte. Antes el amigo trinitario Félix María del Monte se había encargado de darle otra penosa noticia: ‘Nuestro digno amigo y compañero Sánchez, que tan cordial y entusiastamente te amaba, murió con la esperanza de reunirse a ti en la eternidad, y yo tengo la dicha de volver a hallarte en el tiempo”.

Del Monte se encontró con Duarte el 27 de febrero de 1884, cuarenta años después de la Independencia Nacional, en el Ayuntamiento de Santo Domingo.

Frente al féretro cubierto de flores rojas, blancas y azules, dirigió la última despedida al Padre de la Patria.
Conocí demasiado a ese adalid de la libertad dominicana. Fue uno de mis íntimos amigos, mi condiscípulo, mi compañero en La Trinitaria, en la Sociedad Filantrópica, en el hecho de armas del 24 de marzo de 1843… Poseo como datos preciosos para la historia nacional las cartas que me enviaba a Puerto Rico, durante mi ostracismo de once años. Sí, yo las conservo como las últimas expansiones de su alma virgen, como los postreros latidos de aquel corazón todo amor y patriotismo”.

Publicado en el Listín Diario, el 26 de enero del 2011, por Jhonatan Liriano. 

lunes, 22 de noviembre de 2010

Freddy fue acompañado por el pueblo que lo amó

El sol del domingo gris comenzaba a esconderse cuando el cuerpo de Freddy Beras Goico bajó a la tierra, con sus setenta años recién cumplidos.  Estaba rodeado de los rostros tristes de sus familiares y amigos, y de los murmullos del pueblo que lo escoltó hasta el cementerio, mojado de lluvia, y de llanto. La gente lo lloraba como se llora a los héroes.

Padre, pediste que siempre te recordemos con una sonrisa en el rostro, pero hoy no podemos. Será otro día”, dijo su hijo Giancarlo al despedirse por última vez del humorista, compositor, productor de televisión y crítico social que sembró alegría, transparencia y esperanza cristiana en todos los rincones de la República.
Los viejos compañeros de trabajo  de “El Gordo”, artistas del escenario, quedaron en silencio. Felipe Polanco (Boruga) mordía sus labios, como tragando palabras, mientras la mirada de Cuquín Victoria divagaba por las anchuras del camposanto. Eran las 5:00 de la tarde. Y parecía que Freddy no cabía en un discurso.

Gracias por dejar a tu familia y a todo el pueblo dominicano la responsabilidad de seguir tus pasos".
Giancarlo Beras Mejía hijo de Freddy Beras Goico

Pilar, su viuda, recibió sin sobresaltos los abrazos y las condolencias de los cercanos, hasta que José Antonio Rodríguez sacó música a un piano para cantar la canción que Beras Goico pedía en cada cumpleaños, aquella que dice “te sigo queriendo como el primer día, con esta alegría con que voy viviendo. Más que en el relevo de las cosas idas, en la expectativa de los logros nuevos”.
Esos versos de Alberto Cortez provocaron que nuevas y abundantes lágrimas se sumaran a la humedad de la lluviosa y fría tarde. Y que los presentes apenas tuvieran fuerzas para tararearle al fallecido artista el “Amor Eterno” que, a modo de despedida, sonó en el fondo: “Amor eterno e inolvidable. Tarde o temprano estaré contigo para seguir amándonos”.

Escoltado por el pueblo
Los restos sin vida de Freddy Beras Goico salieron de la capilla “E” de la Funeraria Blandino, en la avenida Abraham Lincoln, hacia los estudios de Color Visión, su último espacio de trabajo. A pies, en bicicletas, en motores, carros, camiones y camionetas el pueblo humilde se convirtió caravana.

“Nosotros somos de San Carlos. Buscamos nuestras bicicletas y nos organizamos para acompañar a Freddy, porque ha sido un ejemplo para todas nuestras familias. Para rendirle homenaje a él,  vale la pena hacer cualquier sacrificio. Fue un hombre del pueblo”, dijo Euralio Hernández, quien encabezó el grupo de ciclistas que hizo el recorrido desde la funeraria hasta el kilómetro 22 de la autopista Duarte, a la altura del Cementerio Puerta del Cielo.

Al rayar la tarde, el paso del féretro se hacía cada vez más lento, porque cientos de dominicanos y dominicanas salían a dar un último adiós a Beras Goico, sin importar la intensidad del aguacero que arropaba a Santo Domingo. Desde las aceras, mujeres, hombres y niños dejaban mezclar sus lágrimas con el agua caída de las nubes.
“Freddy, querido, el pueblo está contigo. Freddy, querido, el pueblo está dolido”, coreaba la multitud que se desplegó a todo lo largo de la Duarte, como si la frase hubiese sido ensayada con varios días de antelación. 

El camino a la tumba se llenó de flores, confites y carteles marcados con palabras de amor,  agradecimiento y respeto por un dominicano “honesto”, “trabajador”, “justo”, “sincero”, “generoso” y “combativo”, que se convirtió en héroe y leyenda antes de ser alcanzado por la muerte.
Así, sumergido en un mar de pueblo, “El Gordo” llegó a su última morada. Según la fe cristiana que tanto profesó, sus bromas y sus justas rabietas deberán pasar a ese escenario de Dios llamado cielo.

 LA TELEVISIÓN NACIONAL LE RINDIÓ UN HOMENAJE
En cadena nacional, las cámaras de televisión siguieron el féretro con los restos mortales de Freddy Beras Goico hasta el fondo de la fosa. De inmediato voltearon hacia arriba y buscaron el cielo hasta perderse en él. Las pantallas del país presentaron, entonces, la imagen de “El Gordo de la Semana” mientras era cubierta por una sombra expansiva parecida a la muerte. Así, durante un minuto, los principales canales de televisión de la República se ennegrecieron en honor al actor, libretista, compositor, cantante y productor que revolucionó la pantalla chica.

Por primera vez una persona pública recibe un homenaje de silencio que supera a la palabra, y anuncia colectivo dolor e incertidumbre.

Beras Goico (1940-2010) ya es considerado como uno de los padres de la comunicación dominicana. Bajo su dirección se formaron los hombres y mujeres que hoy lideran los medios audiovisuales de la nación. Para despedirlo, presentadores, periodistas, locutores, actores, cantantes, bailarines, y productores se juntaron en el Cementerio Puerta del Cielo. Allí escucharon el documento que Freddy escribió hace 25 años para explicar las únicas preocupaciones que veía en la muerte: “Tan sólo me preocupa que cuando me despida de mis días agotados, y ya descanse en paz, no haber sido ventisca que pasa y nada más, ni huracán indolente, arrogante y voraz.
Que yo haya sido brisa portadora de polen, que hayan nacido rosas por mi lento soplar. Tan sólo me preocupa, si me sorprende el viaje, no lamentarme nada cuando no pueda hablar. Que mis ojos se cierren cuando les de la gana, y en mi conciencia no haya nada que lamentar”.

jueves, 11 de noviembre de 2010

¡Qué no maten a los vendedores de flores, Presidente!

El Vendedor de Flores, www.oceansbridge.com
El muchacho caminaba por las calles de Santiago cuando los policías lo llamaron a revisión. No se detuvo. Entonces los policías dispararon. Y él cayó al suelo,  muerto.

Algunas personas que presenciaron la acción de la fuerza pública aseguran que el hombre de 24 años era un vendedor de flores, de esos que recorren de arriba a abajo la calle El Sol ofertando los nombres, los colores y hasta los olores de diferentes ramilletes de florecitas, según contó el reportero que cubrió el caso. 


Aunque reconozco que la Policía tiene que  estar pendiente de mantener el orden público, pienso que los agentes no deben matar a los vendedores de flores así por así. 


Estos comerciantes están entre los pocos ciudadanos de esta República de las Maravillas que todavía abren la boca para vociferar bellezas en las primeras horas de la mañana, y en las mejores esquinas de la tarde.

Hago un llamado al Presidente Leonel Fernández para que decrete una orden de “no disparo contra los vendedores de flores”. 


El Gobierno no puede permitir que la imposición del orden convierta en víctimas a los hombres y mujeres que se ganan la vida con rosas, claveles, lirios y gladiolos.

Sin flores, nuestras calles serían más tristes y violentas.

¡Qué la Policía no mate a otro vendedor de flores!

Paquito

lunes, 8 de noviembre de 2010

Educación da Poder

Imagen tomada de blog.fotocommunity.net
La educación es acceso al poder. Es el desarrollo de las habilidades de la persona, y la adquisición de las herramientas que le permiten comprender y enfrentar las circunstancias sociales y naturales de su tiempo.

Sin educación el genio humano queda sepultado bajo las acciones desorganizadas e impulsivas del instinto.

Quienes conocen acostumbran tomar las decisiones más convenientes. Quienes no conocen se mueven en el ámbito de la incertidumbre, y de la incertidumbre pasan al miedo, que es el terreno donde los viles imponen las cadenas de la dependencia.

Fueron los hombres y mujeres mejor educados de Francia los que presentaron e impusieron las ideas que cambiaron el curso de la historia  durante la Revolución de 1789. Los países pobres de Asia que a finales del siglo pasado dieron más importancia a la educación hoy son ricos e indispensables actores del mercado mundial.

En Latinoamérica, Chile, Argentina y Brasil están entre los más cercanos ejemplos de aplicación de esta fórmula que no falla.

Y si no falla ¿por qué un país pequeño y vulnerable como República Dominicana no termina de asumir la educación como la respuesta a sus principales problemas?  Sencillo. La educación es poder, y el poder no se pide ni se regala. Se construye o se toma.

Los grupos que manejan las estructuras del Estado no necesitan una población mejor educada, porque sería una población más exigente, más atenta a las andanzas de sus representantes, que no iría a las urnas electorales motivada por una botella de ron ni por una funda de alimentos del programa de Asistencia Social de la Presidencia.

La educación mejora la condición humana, pero sus resultados no son tan concretos como las carreteras, los puentes y los elevados que suelen presentarse en las campañas. No es un árbol que dé frutos a corto plazo, como los preferidos por los oportunistas que  abundan en el sistema de partidos de esta República de las Maravillas.

Nuestros gobernantes, caudillos sin caballos ni revólveres, no dedicarán sus mejores esfuerzos al sector educativo mientras tengan que saciar el hambre de sus organizaciones, de los partidos aliados, de la deuda externa y los organismos internacionales, y la suya propia. En esta lógica, el poder no se mantiene haciendo lo correcto, sino lo que es conveniente.

Por estas y otras tantas razones, la entrega de mayores recursos al sector educativo no será una decisión de la clase política nacional. Será una imposición de la ciudadanía consciente.

La gente tendrá que buscar la forma de obligar a que sus representantes  prioricen la inversión en la fórmula que siempre trae el desarrollo de la mayoría como beneficio. La educación es distribución de poder.  

Por Jhonatan Liriano

domingo, 24 de octubre de 2010

La Resistencia


















La resistencia, a veces, parece desaliño,
muchacha sin labial,
y poco en los bolsillos.

Los resistentes, aislados, parecen la derrota,
hombre sin peldaños
o par de alas rotas.

Resistir, en el fondo, resulta ser muy triste
si calla su alegría
el ser que se resiste.

En cambio, si comparte sus hondas esperanzas,
demuestra que este mundo
es algo más que nada.

La resistencia, siempre, implica compromiso.
Es flor, amigos, gente,
respeto por lo vivo.

Los resistentes, juntos, ponen ladrillo al sueño.
Construyen el futuro
con un presente bueno.

Resistir, sin duda, es un enfrentamiento
con montes de egoísmo,
con viles monumentos.

Jhonatan Liriano
Foto: maxxximo.com

El Negrito del polvorín

Armados con fusiles, los guardias le temían. Bastaba nombrarlo para despertar imágenes terroríficas entre los batallones de la base aérea de San Isidro, sede de la Fuerza Aérea Dominicana (FAD). El Negrito de los Polvorines no tenía más de cinco pies de estatura, y siempre vestía atuendo militar. Los detalles de su rostro todavía son desconocidos.

“Pasaba como marchando por los puestos 9 y 12. Era prieto y bajito. El guardia que se atrevía a apuntarle con el fusil aparecía golpeado y sin arma. Fueron muchos los que llegaron al hospital (Doctor Ramón de Lara) diciendo que él se les apareció”, cuenta Juan José Concepción, miembro de la FAD desde 1956 hasta 1964. Para aquel tiempo todos los reclutas hablaban de las andanzas de El Negrito, y trataban de zafarse de que los superiores los enviaran a vigilar los puestos cercanos al polvorín, lugar de almacenamiento de las armas, municiones y vehículos especiales de las Fuerzas Armadas. Por allí, entre los montes tupidos, sobre los caminos cubiertos de hojarasca, se movía el pequeño espectro.

“Lo vi dos veces. Pasó derechito frente a mi puesto, pero yo me quedé tranquilo para no buscarme problema”, dice Concepción mientras rebusca entre las escenas nocturnas que nunca abandonan su memoria.

Desde los años 50 hasta finales de los 90 El Negrito de los Polvorines no solo llenó de miedo los cuarteles de la FAD, sino que se metió a las casas de los tres barrios para alistados de la base aérea. Las andanzas del personaje formaban parte de las conversaciones de muchos niños, jóvenes y adolescentes que no salían a la calle después de las 9:00 de la noche por temor a la existencia de El Negrito.
“A un amigo mío lo llamaron de los montes. Él fue, como hipnotizado, y regresó lleno de arañazos y moretones. En la calle dijeron que fue un castigo por portarse mal”, cuenta el joven Henry Martínez, miembro de una generación acosada por el mito.

Origen y permanencia
Juan José Concepción, como otros tantos ex militares de San Isidro, cree que El Negrito de los Polvorines era un bacá (espíritu diabólico que sirve a una persona) del general Marmolejos, y que estaba dedicado a proteger el ganado y las plantaciones que el alto oficial tenía dentro de la base. Promoviendo el miedo entre los guardias, Marmolejos supuestamente evitaba el robo nocturno de sus propiedades. En San Isidro también ha circulado la versión de que el pequeño hombre fue un militar importante que el dictador Rafael Leónidas Trujillo mandó a enterrar vivo. Su espíritu angustiado desandaba o  aún desanda para compartir el dolor con otros uniformados.

Las dos versiones permiten que en la comunidad algunos guardias pensionados mantengan la imagen de El Negrito de los Polvorines como parte de sus historias personales, mientras una generación de adultos más jóvenes lo recuerda como el mito que marcó con miedo su niñez. En este paraje no es difícil encontrarse con los testimonios sobre el tema. Basta acercarse a uno de los cientos de militares retirados que viven en la zona. De una u otra forma, la mayoría conoce al personaje.

LUGAR DE APARICIÓN
La base aérea de San Isidro se ubica en el extremo oriental del municipio Santo Domingo Este. Además del principal complejo militar de la Fuerza Aérea Dominicana, la conforman cuatro barrios para miembros de la institución.

El mito de El Negrito de los Polvorines se originó en su zona boscosa, en las cercanías del almacén de armas y pertrechos conocido como polvorín. Los militares que han hecho residencia fuera de los perímetros de la base se encargaron de extender el mito más allá de San Isidro.

sábado, 2 de octubre de 2010

Compromiso con las guayabas

Muchas veces las guayabas eran el cielo. Aparecían en el patio ajeno o en los tupidos montes de San Isidro para saciar con su redondez nuestras hambres e inquietudes.

Tú, Paquito, preferías las agrias, porque los adultos decían que las dulces tenían gusanos. Luego supiste que esos blancos animalitos, a los que nunca hiciste caso, se crían dentro de cualquier variedad, y que su consumo no provoca ningún daño a la salud.


“Las guayabas hacen mucho bien a las tripas. No importa si están maduras o verdes. Siempre son buenas”, decías mientras devorabas una a modo de ejemplo.

Aquellos eran tiempos de pandilla infantil. Y esos frutos juntaron nuestros caminos.
Yo salía a marotear por los montes y te encontraba tendido entre los guayabales, con la barriga hinchada de la hartura. Si las plantas estaban repletas, tomábamos las guayabas más maduras (blanditas) para armarnos como fieros miembros de la “guerrilla”. Con los bolsillos cargados iniciábamos la batalla, y el otro se convertía en enemigo. Entonces los guayabazos volaban por dondequiera.

Una vez violaste las normas, desgraciado, y me lanzaste una guayaba verde (dura) que casi me saca un ojo. ¡Caí hecho una mierda del árbol en el que me resguardaba! Todavía estaba aturdido cuando llegué a la casa con el moretón en la frente.

“Jamás vuelvas a esos montes, muchacho de la porra. ¿Tú te estás volviendo loco? Si te vuelves a meter en los guayabales, te voy a dar una pela que ni tu madre te va a conocer”, dijo mi papá en tono de sentencia. Por eso te dejé solo, Paquito, comiéndote las frescas guayabas que eran nuestra alegría común. No fue por miedo a tu puntería, como te habían chismoteado los otros niños del barrio.

En fin, creo que, en cierto modo, a las guayabas debemos parte de lo que somos. Buscándolas, comprendimos importantes elementos de este drama llamado vida.

Hoy que te invito a mi casa, quiero que plantemos juntos esta matica. Dentro de cinco o seis años, si los cálculos no me fallan, los hijos que no tenemos podrán encaramarse en sus ramas. Entonces, les contaremos de nuestro compromiso histórico con esta fruta, sembrada por el mismo Dios en las zonas rurales de la República de las Maravillas.

Escrito por Jhonatan Liriano. Sábado 02 de octubre del 2010. 

viernes, 24 de septiembre de 2010

No me gusta el trabajo

No me gusta el trabajo cuando, después de un largo trayecto de forzada existencia, deja al pobre trabajador en la indigna pobreza. 

Debe llamarse maldición y no desarrollo el canje de cinco días y medio de pasivo sometimiento por la mala comida y el pasaje contado. 


Aborrezco el trabajo cuando Paquito, que es un mulo hasta las 7:00 o las 8:00 de la noche, se acerca al hogar con la sonrisa divida entre el saludo y el miedo  al dolor insistente que le dobla la espalda. 

“Las operaciones y la medicina son muy caras y el seguro nada más te cubre una parte. Los padres de familia no debemos enfermarnos”, me dice, en tono de estrategia porque no le gusta quejarse, mucho menos si está delante de los muchachos. “Con la piña tan agria la queja no ayuda”.
Es desgracia el trabajo que enriquece a los viles, mientras los rectos se quedan con los tragos amargos de la indignación.
En este pedazo de isla cerca del 75% de los empleados obtiene menos de 16 mil pesos por alquilarse durante un mes completo. En la cifra están incluidos miles de guardianes de seguridad y abogados, ingenieros eléctricos y plomeros, recepcionistas telefónicos y contadores, médicos, policías y militares. Desde la “vida digna” ninguno puede acceder a la famosa canasta familiar, cuyo costo superó hace mucho los 20 mil pesos. En esas condiciones el trabajo no mejora la existencia, sino que alarga la grisácea sobrevivencia. 


¿Por qué no decirlo? No me gusta el trabajo que, con el paso de los días, aumenta tus capacidades y por razones biológicas merma las mías y las de los míos. Es un acto que a veces me parece al suicidio.

Sé de tus afanosos intentos de hacer a tu empresa mucho más competitiva, pero no puedo aceptar una carrera que coloca al producto por encima de mí. También sé que no estás dispuesto a modificar una relación que te da el beneficio y mantiene a los tuyos, pero, por ahora, debo decirte con toda sinceridad que no eres tan bueno, que no me siento cómodo, y que no tengo intención de ser víctima. 

Jhonatan Liriano
24 de septiembre del 2010
Paquito

lunes, 4 de enero de 2010

¿Ser o estar?


A Wanner y a los vecinos de la calle Puerto Rico



En castellano los verbos ser y estar se refieren a condiciones existenciales distintas. En inglés, sin embargo, ambos son recogidos por el famoso To Be.
Parece que en la cultura anglosajona quien está es… y viceversa.
A mí esa visión del mundo no me agrada, porque significa que el concepto que me hago de ti, Paquito, depende de dónde estés, en qué posición social te encuentres, qué escalones lograste subir. Quiere decir que uno, como ser humano, como miembro de este gran ecosistema llamado Tierra, no posee ningún valor en sí mismo, que nuestro ser se encuentra definido por nuestro estar.  Y ese, a mi juicio, es el más triste de los parámetros de medición. Resta importancia al cultivo de principios universales definidos dificultosamente a la luz de miles de años de historia, como la verdad, la solidaridad, la justicia, el respeto, la paz o el sacrificio. Y nos coloca en una estúpida competencia por las cosas, por un confortable estilo de vida que amenaza la existencia de todos los seres conocidos, incluidos nosotros mismos.
Creo, querido amigo, que de lo vivo nada sobra, nada es menos. Las pequeñas ramas secas que hoy se desprenden del árbol mañana se convierten en la materia prima que el ave teje para hacer su nido, para proteger a sus pichones.
Y tú, que no aportas un penique al Producto Interno Bruto, eres el dinámico motor de esta casa. Sé que no entiendes mis palabras, pero me conformo con que tus ojos grandes y negros se claven en mi rostro mientras te cuento un cuento o te hago cualquier comentario.
Nada vale más que verte silbar todas las mañanas como yo te enseñé, “como los ruiseñores, Paquito, los pajaritos de Dios”. ¡Humm!, así me gusta verte, sonriendo, ajeno al dolor, a las intrigas, a la avaricia y a la mentira.
¿Qué sería de la sociedad si todos nos lanzáramos a la carrera del llamado éxito? ¿Quien cumpliría la sagrada misión de cuidar a los ángeles como tú? ¿La mano de quién tomarían los niños en momentos de duda? ¿A qué pupila llegaría el mágico color del arbusto en flor?
Son preguntas que me hago cuando te contemplo, o cuando imagino caminos que lleven al crecimiento personal y colectivo de los seres humanos, respetando los derechos de los demás actores involucrados en este gran escenario que es la vida.
No importa lo que digan los gringos, o los pensadores de estos nuevos tiempos. Para mí tu vales porque sí, por el solo hecho de existir, de estar en el más bajo de los peldaños sociales y en el más costoso rincón de mi alma. El éxito, Paquito, el éxito es ahora, lo demás es cuento de borracho.