jueves, 7 de abril de 2011

Periodismo y el mercado informativo

Por Jhonatan Liriano
A estas alturas de la existencia humana, la información es un derecho convertido en mercancía. Se paga como cualquier pedazo de pan, como cualquier par de zapatos, como cualquier caricia de burdel. 

Las universidades preparan profesionales especializados en manejar la información según los intereses de diferentes actores socioeconómicos.

Así el publicista aprende las más eficientes técnicas de persuasión para colocar los bienes y servicios de una empresa en la mente de un segmento del mercado. Si lo contrata un poder del Estado o un político ávido de electores, bien puede poner sus habilidades a la orden de la remuneración correspondiente, sin que la elaboración de sus contenidos se convierta en objeto de censura o juicios morales duraderos.

En el mercado también están los artesanos de la imagen institucional,  empresarial o corporativa, los encargados de las relaciones públicas. A estos se les forma para armonizar los objetivos mercadológicos de la unidad de producción o servicio con los del consumidor o usuario.  Aunque sus mecanismos de acción sean amplios y diversos, deben mantenerse en estos límites. Siempre defienden a quien paga, sin que esta posición se les traduzca en descalificaciones éticas o legales (las excepciones son mínimas).

El arte también convierte las informaciones de interés colectivo en mercancía, hechas cine, literatura, canciones…

Pero las altas casas de estudio, y la vida misma, todavía forjan una clase de trabajadores de la información, específicamente del hecho informativo, que está llamada a mantener un ejercicio contrario a la lógica de oferta y demanda. El periodista contratado por la empresa no se debe a ésta, ni al dueño de la publicidad que mantiene el medio, ni al Estado que regula las emisiones. Sus contenidos deben responder al interés general, al colectivo. Y de esta práctica contradictoria nunca puede salir ileso. Si decide cumplir cabalmente su función, tiene que describir los acontecimientos surgidos en estructuras socioeconómicas imperfectas, injustas, donde los grupos de poder no emplean otra respuesta que el uso de la fuerza en sus diferentes manifestaciones. Si traiciona la funcionalidad para convertirse en vocero del poder y no de la razón del colectivo, se ubica ipso facto ante el juicio moral de los compañeros que sí permanecen coherentes con el principio de independencia. 


La condena resulta inconmensurable y casi  eterna cuando el público descubre que el informe periodístico le llega contaminado de medias verdades o intentos de manipulación. La credibilidad es como la inocencia, una vez que se pierde, jamás se recupera.

En esta aguas turbulentas, en las que la información es una fuente de enriquecimiento personal, nada el periodista, con una vocación casi masoquista de ser los ojos de la mayoría, a cambio de vida digna.

lunes, 4 de abril de 2011

Juana, una maestra del campo

Sonriente va la profesora Juana por el camino de Las Lagunetas.

Salta piedras y levanta polvo en tiempos de seca, o bate fango y cruza las aguas elevadas de un riachuelo si los días son de lluvia.

Su cuerpo prominente hace que el motor “70” que usa para transportarse parezca un forzado juguete, cuando en realidad es el único medio que tiene para impartir dos tandas de clase en la escuela multigrado de esta rural y pobre comunidad de San José de Ocoa.

No necesita desmontarse del motor para que alguien salga a su encuentro. Niños y adultos la reconocen en la distancia, porque ven en su fi gura la fi gura de la escuela.

“Tenemos veinticuatro estudiantes, doce en la mañana y doce en la tarde. Solamente damos clase hasta el sexto grado. Cuando los muchachos llegan a ese nivel tienen que irse a la escuela de Arroyo Palma”, dice la profesora y directora de la escuela “Desiderio Andujar” con su voz suave y pausada.

El centro educativo sólo tiene un aula, donde niños y adolescentes de diferentes niveles reciben formación simultáneamente.

La distancia entre cada curso puede ser de uno o dos mosaicos del piso. Y los recursos materiales colindan entre el Texto Integrado del Ministerio de Educación y todo lo que la creatividad de la maestra pueda conseguir.

Las computadoras, radios, videos y demás herramientas tecnológicas recomendadas en los nuevos manuales sólo son instrucciones en papel.

Las condiciones materiales de las familias de Las Lagunetas apenas permiten la subsistencia. Por esta parte del planeta las palabras Internet, computadora, globalización y video conferencia resultan exóticas, aunque se sean empleadas con toda naturalidad entre los libros.

En la escuela tampoco hay espacio de recreación deportiva, ni cocina para preparar el desayuno escolar, cuyas raciones suelen ser menores que la cantidad de bocas infantiles.

Por falta de espacio, los alimentos se preparan en la ofi cina de la Dirección.

Acompañante Juana Franco Mateo está atenta a cada uno de sus alumnos. Conoce a sus padres y los mantiene al tanto de los avances y retrocesos experimentados.

Las limitaciones de recursos observadas en su escuela no borran su sonrisa. Hace ochos años comenzó a trabajar en esta comunidad. Y ya es una experta en superar los obstáculos del camino.

“Cuando llueve, salgo de mi casa con dos pares de zapatos: uno para correr el motor, y otro para entrar a la escuela”, cuenta la maestra Juana sin asumir postura, como si la peligrosa odisea fuera una broma. A su lado alguien dice que, a pesar de la lluvia o el polvo, la profe siempre mantiene la escuelita limpia, como un percal. La afi rmación se valida con un mirada de reconocimiento por el aula-escuela. Se ve limpia y ordenada, como un percal.

Por impartir docencia en a sus veinticuatro estudiantes, distribuidos en dos tandas, y por ser la directora del multigrado, Franco Mateo recibe un salario nominal de RD$22 mil, que con los descuentos de seguridad social, y el pago de un préstamo de vivienda quedan en unos RD$9,000.

La maestra dedica este ingreso a la manutención de su familia, y al consumo de combustible del motor que la lleva y la trae por el camino de Las Lagunetas.


Alimentos servidos en el aula

La profesora Juana Franco Mateo explica que el desayuno y la merienda de la escuela se preparan en el área de la Dirección.

Las madres de los niños colaboran en este proceso, y hacen énfasis en la necesidad de aumentar las raciones, porque no alcanzan para todos.

A continuación LISTÍN DIARIO presenta el inventario de los alimentos asignados a las dos tandas de docencia: 46 unidades de plátano, 34 huevos, 31 panes, 4 libras de queso, 4 libras de arroz, una libra de margarina, 4 libras de salami, 4 libras de harina de maíz, 0.25 libras de sal, 1 libra de cebolla y 0.25 libras de canela.

 Escrito por Jhonatan Liriano, y publicado en la sección Economía y Negocios del Listín Diario, el lunes 4 de abril del 2011. 

lunes, 21 de marzo de 2011

El maldeamor


El maldeamor es una vaina que te desajusta, que te desmonta todos los significados. Fácilmente puede convertir la mejor tarde de sábado en un deprimente derroche de mucosa nasal y tuiteo de pendejadas.

No hay llamada ni chercha que lo cure. Cuando alguien intenta distraerlo con dos o tres petacazos, apenas consigue acentuarlo, con risas estúpidas, y hasta con babeo. Y ahí sí es difícil la situación, porque de la tristeza brutal se pasa a la risa sin razón, a la payasada. 

El maldeamor altera los sentidos, hace que la más tonta canción romántica te recuerde momentos que ni siquiera viviste, o que la voz de quien no está en ti aparezca en todas partes, con una omnipresencia que el mismo Dios envidiaría. ¿Y los olores? Sin buscarlo, encuentras el perfume de aquella persona que te saca el pie en un desabrido pepino de ensalada o en una esquina de la cama en la que nunca estuvo.
Quien tiene maldeamor exagera la comida. No come nada hasta que se le pasa la enfermedad, o se traga un tanque de lo que sea hasta que le llega el sueño por  hartura simple. 
En vano llueven los consejos de la madre, el padre, los tíos o los amigos. Nadie tiene la fórmula adecuada para evadir los síntomas del maldeamor, capaces de tumbar al hombre más robusto y a la mujer más determinada.

Sólo el tiempo puede hacerle frente a este fenómeno que por lo menos sirve para recordarnos dónde, cómo y por qué se agita aquel aparato musculoso llamado corazón.


Escrito por Jhonatan Liriano. Foto enhabito.com

martes, 15 de marzo de 2011

No echemos margaritas a los cerdos

En los tiempos de Jesús las margaritas, como ahora, eran flores de sencilla hermosura. Y en su sola existencia guardaban un valor social único.

De ahí que el Cristo invitara a sus seguidores a no echar margaritas a los cerdos, pues aquellos animales de hocico y pezuña nunca apreciarían la belleza, la importancia, la riqueza, el significado de la flor.  Con el mensaje parabólico el evangelio advierte sobre el desperdicio de llevar las joyas de la sabiduría a seres que nunca las valorarán,  que sólo pueden cubrirlas de inmundicias.

En el caso de la presente generación de jóvenes con inquietudes sociales de esta República Dominicana, la misma alegoría es oportuna. Cometen un gran desperdicio los muchachos y las muchachas que ponen el talento, la creatividad y la vida en su plena manifestación al servicio de los proyectos políticos que tienen al Estado como fuente de enriquecimiento.  Colocan el desarrollo de las habilidades humanas en manos de la ambición y el egoísmo que entorpecen la mejoría de la colectividad.

La juventud ha de ser una ruptura con las cadenas que limitan la trascendencia del género, antes que la continuidad de las ambiciones y torpezas que dificultan los vuelos del genio y el espíritu.   Pocas tragedias tienen que ser tan lamentadas como las acciones de un joven adiestrado en la corrupción de la cosa pública.
La libertad, el trabajo, la ciencia, el amor, los intentos de democracia, el arte, la justicia y todo lo bueno que puede citarse en este mundo es el resultado de una larga y sacrificada siembra.

 Millones de hombres y mujeres, de diferentes partes del país y del mundo, tuvieron que derramar mucha sangre, muchas neuronas, mucho sudor y mucho trabajo para que en estos tiempos de incertidumbre la juventud pudiera ver las luces y las flores de la existencia humana. 

Por respeto, agradecimiento y compromiso con nuestro pasado, con nuestro futuro, y con la vida misma, nosotros, los jóvenes, no debemos ni podemos lanzarnos como margaritas al corral de los cerdos. 



Por Jhonatan Liriano, 15 de marzo del 2011.

Sánchez: "Yo soy la bandera"

El nombre de Francisco del Rosario Sánchez encabeza las páginas de la historia de República Dominicana porque una obra como la suya no cabría en otra parte.

En él Juan Pablo Duarte, ideólogo y líder del proyecto de Independencia Nacional, tenía, quizá, al más comprometido y audaz de todos los adeptos de la sociedad secreta La Trinitaria.

Cuando el movimiento comenzó a materializar sus planes, el 16 de julio de 1838, Sánchez se dedicaba al oficio de peinetero o vendedor de peines de concha. Pero sus inquietudes políticas, probablemente animadas en las clases de filosofía que lo pusieron en contacto con Duarte, lo colocaron en los caminos de la construcción social que nunca abandonó.

En su obra “Pensamiento y Acción de los Padres de la Patria”, el historiador Juan Daniel Balcácer cuenta que para 1843 Francisco del Rosario Sánchez se dedicaba a coordinar el movimiento revolucionario La Reforma, concebido por dirigentes haitianos con el fin de derrocar al dictador Jean Pierre Boyer. El nuevo presidente Charles Herard se dio cuenta de que los trinitarios estaban interesados en algo más que La Reforma. Y por eso dio inicio a una persecución que provocó el exilio de Duarte, Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandrino Pina, cabecillas de La Trinitaria.

Sánchez, Matías Ramón Mella y Vicente Celestino Duarte quedaron entonces al frente de las acciones por la Independencia.

“Ellos mantuvieron contacto con Duarte, a quien le solicitaron que gestionara en Venezuela, donde se había radicado temporalmente alguna ayuda económica para la Revolución”, explica Balcácer en el texto referido.

El sobrino de María Trinidad Sánchez se encargó de hacer las gestiones políticas necesarias para que el sector conservador liderado por Tomás Bobadilla se integrara a la causa nacionalista. Algunos historiadores dicen que fue el mismo Sánchez quien redactó el Manifiesto publicado el 16 de enero de 1844, definido como el Acta de Independencia.

En sus apuntes, José María Serra recuerda que Matías Ramón Mella se encargó de disparar su trabuco frente a la Puerta de la Misericordia, con el fin de anunciar el inicio de la revuelta independentista, la noche del 27 de febrero de 1844. Y Francisco del Rosario Sánchez, el líder político de aquella noche, corrió hasta la Puerta del Conde, donde izó por vez primera el símbolo que hoy es sinónimo de su nombre: la bandera del pueblo dominicano.
Un largo camino
Si la declaración de la Independencia Nacional le costó alto sacrificio a Sánchez y a los demás trinitarios, la protección de la nueva República le costaría extensos derrames de sudor y sangre.

El 28 de febrero de 1844, los trinitarios, con Sánchez a la cabeza,  y los conservadores, representados en la persona de Bobadilla, conformaron una Junta Gobernativa llena de contradicciones ideológicas, pues el bando conservador buscaba el resguardo de una potencia extranjera, mientras “los muchachos” no tenían más norte que la plena independencia predicada por Juan Pablo Duarte.

Cuando el Patricio regresó del exilio, indican los Apuntes de Rosa Duarte, la Junta en la que Sánchez y Mella eran directivos lo recibió con los mayores honores posibles. Y de inmediato se vio afectada por una guerra de intereses que provocó el destierro de los líderes trinitarios ñel 26 de agosto de 1844, y el surgimiento de Pedro Santana como jefe supremo de la República.

En lo adelante, el dirigente político y combatiente del 27 de febrero participó de los más importantes acontecimientos de la causa dominicana, a veces como estratega, a veces como abogado del sector público, y a veces como fiero combatiente.

Publicado en el Listín Diario, el 9 de marzo del 2011, por Jhonatan Liriano.