viernes, 29 de mayo de 2009

De verde por Los Haitises



De verde.
Paquito, nos vestimos de verde para protestar por la instalación de una cementera en el Parque Nacional Los Haitises, la cual amenaza no sólo a los campesinos de la comunidad de Gonzalo, sino también a la biodiversidad de esta República de las Maravillas. Ante la complicidad de nuestras descaradas autoridades y el empresariado, lo único que podemos hacer es levantar la voz, y las letras y las manos, y todo nuestro ser para protestar por el crimen ecológico que atenta contra nuestra agua, nuestros árboles, nuestro aire, nuestra alimentación, nuestra salud, nuestras riquezas...

sábado, 23 de mayo de 2009

Grano de habichuela, Cocco y Benedetti


¿Has visto cómo el grano de habichuela seco, aparentemente muerto, sale del fondo de la tierra, buscando el sol, hecho planta, hecho futuro? Así mismito se levantarán los grandes hombres que esta semana aparentemente nos dejaron.
La voz de Mario Benedetti seguirá alzándose
en nuestra América Latina, combatiendo malvados y enfrentando injusticias. Quienes intenten evitar la inminente unión de nuestros pueblos chocarán con millones de hombres y mujeres prestos a sentenciar, como él, que “el Sur también existe”. El poeta se quedará. Y del afán cotidiano sus versos sacarán a la prole de la esperanza, a los hijos de la utopía. En esta marcha contra la dictadura de la cuenta en Suiza y en el pueblo el hambre, el nombre de Benedetti se levanta como ese grano de habichuela olvidado en la anchura del patio de la casa.
Reverdece. ¿Miguel Cocco? Cocco sigue siendo el principio incorruptible, el dolor de cabeza de los simuladores. Es la única luciérnaga volando en el sistema. Cuando la sombra de su apellido recorre los caminos del palacio de gobierno, hasta el presidente inclina la cabeza para reconocer que no todos los hombres pueden comprarse.
En el vano intento de sepultarlo, los políticos maravillanos sentirán vergu¨enza, por levantar un cuerpo tan limpio y coherente con tan cínicas y sucias manos. Muchos, al verlo nadar en un mar de afectos, qué digo afectos, amor y respeto, casi entenderán el valor de la verdad y de la palabra hombre. Y como niños perdidos llorarán. Mientras tanto, nosotros, Paquito, cumpliremos el deber de celebrarlo, de reconocerlo como uno de esos ejemplos responsables de dar sentido a esta época de convulsa pasividad.
Sus huellas y las de Benedetti nos servirán de referente al momento de construir los nuevos caminos, que son los caminos de la justicia y la armonía. Motivados por ellos nos declaramos contrarios a nuestra tiempo, para ser fieles a los principios e indicadores de desarrollo establecidos por la ciencia y el amor. Así que despabílate, hermano Paquito, que los hombres del pueblo en el pueblo se quedan. Deja llorar a los traidores, mientras nosotros, como el poeta, todavía cantamos, y “cantamos porque el río está sonando/ y cuando suena el río suena el río/ cantamos porque el cruel no tiene nombre/ y en cambio tiene nombre su destino/ cantamos porque el niño y porque todo/ y porque algún futuro y porque el pueblo/ cantamos porque los sobrevivientes/ y nuestros muertos quieren que cantemos/ cantamos porque el grito no es bastante/ y no es bastante el llano ni la bronca/ cantamos porque creemos en la gente/ y porque venceremos la derrota”.

sábado, 25 de abril de 2009

El pacto


Dejaré de quererte si te olvidas del pueblo, si tus ojos se pierden entre cosas y olvido. Maldeciré tu nombre si lo inscribes en la lista de los traidores. No permitas jamás que tus manos se cierren para apropiarse de la tierra, o del aire, o del mar, o del cielo, porque entonces te vería como al mayor de los criminales.
Tus ideas, Paquito, no pueden tejer cadenas que aten el sudor de la gente. Si un día te sorprendo andando los caminos de la avaricia y el individualismo, permitiré, desde la tranquilidad de mi conciencia, que te consumas en la miseria de la consiguiente soledad. Entonces te señalaré ante mis hijos como el vivo ejemplo de la perdición humana.
La misma actitud has de tener conmigo, porque el pacto que ahora firmamos, querido Paco, está por encima de nuestra amistad. El propósito que abrazamos se sobrepone a cualquier deseo particular. Para imponer en el barrio y en toda la República de las Maravillas la barriga contenta, la palabra certera, y la ciencia, y el amor, es imprescindible la coherencia.
No podemos permitir que los traidores que alimentan sus bolsillos alabando al pueblo y sirviendo a los acomodados se mezclen con nosotros. Ellos son responsables de esta pasividad suicida. En la “gobernabilidad” que predican se sustenta el sistema que mantiene a tu madre y a mis hermanos dormidos sobre sueños incumplidos. Miles de maravillanos esperan comerse en el cielo los platos de arroz que ven pasar de largo cada semana, mientras los ilustres “líderes” de la República proponen fórmulas para resolver los problemas intercontinentales.
Es hora del cambio.
Y tenemos que provocarlo.
Tomemos por armas las grandes ideas, los principios universales que enfrentan a la desigualdad y condenan a los líderes “democráticos” que utilizan el poder emanado del pueblo para promover proyectos personales.
Mandemos al paredón a las conductas que atenten contra el desarrollo integral del barrio y de la nación.
Que el pan llegue a la mesa antes que los cuadernos, que las puertas del consultorio sean abiertas antes que las del metro, y que conozcamos lo que somos antes de salir a decir en los foros internacionales lo que queremos ser. Paquito, desde hoy nuestros labios se caerán al piso si intentan detener los anatemas que obligatoriamente lanzaremos contra la desigualdad y la corrupción. No buscaremos la comodidad ni el reconocimiento antes que el imperio del amor, que es la más inquebrantable de las razones. Nunca llamaremos sacrificio al pacto que hoy rubricamos con palabra de hombre, ni a las acciones que por él habremos de ejecutar. Lo nuestro es un compromiso con la memoria de nuestros padres, con los más altos principios abrazados por la humanidad a través de la historia, y con la vida en cada una de sus manifestaciones. Este es nuestro acuerdo, Paquito, y lo cerramos con un abrazo. Venceremos. 25 de abril del 2009. Jhonatan Liriano.

sábado, 28 de marzo de 2009

El recluta que marchó en el desfile


La orden de un comandante no se cuestiona, ni siquiera se piensa. Se cumple. Por eso, cuando el capitán lo pidió, Paquito y los demás reclutas se quitaron el uniforme nuevo con el que habían marchado dos horas antes y se fueron al cuartel solamente con los pantaloncillos todavía empapados de sudor. Los “pelapapas” también tuvieron que devolver las botas que la Jefatura les había entregado en un estruendoso acto que precedió al desfile militar. Y se fueron a la cama con las tripas vacías porque el almuerzo previsto en el presupuesto de la marcha desapareció por arte de magia, y así se quedaría por los siglos de los siglos. “Buen trabajo, guardias. Hasta el Secretario de las Fuerzas Armadas nos llamó para felicitarnos por nuestra excelente participación”, arengó el oficial, mientras los reclutas se dirigían a sus habitaciones, desnudos y con la boca ceniza del hambre.
Antes de dormirse, en la soledad del cuarto común, lleno de hombres grajosos y sicotudos, Paquito pensó en su primera participación del desfile militar que conmemora la independencia de la mil veces gloriosa República de las Maravillas. No entendía a qué se refirió el Presidente cuando dijo que “los malos no pasarán”. Se perdió descifrando el discurso del Jefe de Estado Mayor, en el que decía que, a pesar de los recientes actos de corrupción cometidos por militares, los organismos armados están llenos de nobleza y vocación de servicio. “¿Será verdad que el Presidente no sabe que aquí hay más generales que escuadrones?, ¿y que la mayoría tiene fincas, vehículos de lujo y casas que no pueden justificar?”, se preguntaba. En
el caco pelao del muchacho que nació y creció en San Isidro, las inquietudes no dejaban de saltar. “Coño. Cualquiera que los oye hablando de seriedad y de honor. Si la gente supiera que los chamacos que nos dieron esta mañana para desfilar ante las cámaras de televisión se quedaron en las manos del comandante. Horita nos los vende a nosotros mismos”, continuaba el raso. Estaba tan indignado que a veces pensaba en voz alta, sin temor a que sus compañeros lo escucharan. “Tanta disciplina para nada. Aquí hay barbarazos peores que los delincuentes de la calle. ¿Tú crees que es buena cosa un tipo que se coja los cuartos que el Gobierno da para la comida de uno, o el que le cobra una tarifa a los guardias que piden un permiso? No, ombe, no. La seriedad es otra cosa”, dijo en voz alta antes de entrar a profundos senderos del sueño. 28/03/09. Por Jhonatan Liriano Lizardo. Foto de fuente externa.

sábado, 14 de marzo de 2009

Ven, que hoy es sábado


Hoy es sábado, muchacha, y la tarde está para comérsela, con todo y sol, con todo y cielo.
La brisa clara y fresca de marzo espera para llevarnos a caminar por encima de la acera del barrio, agarraditos de la mano. Saldaremos la deuda acumulada con los viejos amigos y cruzaremos la esquina que siempre es una fiesta. Los periódicos y los noticieros televisivos los dejaremos en casa, para que no intenten jodernos el único día en que somos nosotros. Date pronto, que estoy loco por beberme tu risa, que tengo unas ganas enormes de bendecir todas las cosas, incluso a los malditos partidos políticos. Debemos aprovechar que la mayoría de los funcionarios se retiran a sus fincas robadas y nos libran de la náusea que su presencia nos causa. Por ti nos detendremos a comer helado de “tresleche”, y por mí pasaremos a bebernos un jugo de limón o un vaso de habichuela con dulce en casa de doña Nerola. Con la panza llena iremos al parque, donde limitaremos el contacto a la más simple caricia porque el lugar se llena de carajitos y carajitas. Volverás a recordar el día en que nos conocimos, en un “voladora”. Yo reiteraré mi deseo de tener cuatro hijos. “Ay sí, cómo no. Si tú los pares, porque yo sólo quiero una hembra y un varón. Eso de encabezar una tribu es para las mujeres de antes, mi amorcito”, contestarás, dejando escapar aquella pícara sonrisa que siempre derrumba mis argumentos. De repente llegará la noche. El parque será tomado por los grillos. Y el viento frío nos pondrá la piel de gallina. “Hace mucho frío”, me dirás. “Antes de salir dejé encendida la luz de mi habitación. Debe estar calientita”, te contestaré. Por cuestiones culturales harás un silencio más elocuente que los discursos del presidente de la República. A la humildad de mi hogar llegaremos en sólo cinco minutos. Me tragaré las palabras y comenzaré a besarte como el loco que soy, para cambiar el calor de la bombilla por el de dos cuerpos que empiezan a desnudarse, a quitarse la amargura del lunes, la pereza del martes, las ansias del miércoles, y la desesperación que llega el jueves y el viernes se hace insoportable. En ti encontraré a un ser distinto, hambriento de caricias y besos. En mí se borrarán los cambios sociales, el teatro y las demás pendejadas que me mantuvieron despierto. Buscándonos nos perderemos. Todos los recursos que nos brinda la juventud no serán suficientes para calmar tanta sed. Nadaremos en el sudor más dulce del mundo. Y, por este sábado, ningún dichoso será más dichoso que nosotros. El domingo amaneceremos gratamente cansados y listos para enfrentarnos al lunes, al plomizo lunes que sólo sirve para desear la libertad del sábado. Por Jhonatan Liriano. Ilustración de Rafael Hutchinson.