"Sin educación el genio humano queda sepultado bajo las acciones desorganizadas e impulsivas del instinto". Paquito.
miércoles, 18 de junio de 2014
miércoles, 12 de marzo de 2014
El "lugar más lindo" de La Ciénaga
Me llevaban por el medio de la calle gritando
“¡Prisionero, prisionero, tenemos prisionero!”. Eran como las 2:40 de la tarde,
y desde sus humildes casas los vecinos de La Ciénaga miraban a mis captores y se reían, casi
tanto como yo.
El grupo de niños me hizo presa de su afecto después de jugar juntos al
“Topao” y “Flor y Convento”.
Nos perseguimos a toda velocidad entre motores,
callejones, escombros y hoyos del barrio, plenamente despreocupados y
contentos. También agotamos una larga tanda de cuentos en la sala de la casa de
Luchi, donde me esforzaba por adaptar algunas de las historias de Pepito a un
formato verdaderamente infantil. Me sentí especial entre aquel público. Por
primera vez en mi vida me pidieron que repitiera tres veces un mismo cuento.
Esas casi cuatro horas de juego, interrumpidas sólo para
tomar un refrigerio, crearon el ambiente, la confianza necesaria para que
apareciera la propuesta.
“Te vamos a llevar al lugar más lindo de aquí”, me dijo
una niña de pelo rubio. Y otra pequeña la respaldó de inmediato: “Sí. Es un
lugar hermoso. Tiene muchas flores”.
“Pero, ¿es lejos? Si es lejos, no voy”, les respondí,
tratando de no mostrar el miedo que me generaba la invitación.
No quería moverme mucho por el barrio porque sé que
La Ciénaga es
uno de los sectores más calientes de la capital. Para colmo, cuando llegué en
la mañana escuché hablar de una banda de asaltantes que tiene al sector
bajo azote. La noche anterior habían herido de dos disparos a una mujer para
quitarle algunas cosas. Y la
Policía estaba “tirá” a la calle, porque supuestamente la
banda agredió al hijo de un oficial de la institución.
“Es un lugar especial, donde nada má vamos nosotros”,
aseguró esta vez un niño como de nueve años, terminando de convencerme.
A seguidas me tomaron de la mano y comenzaron la
procesión. “¡Prisionero, prisionero, tenemos prisionero!”, gritaban mientras
me llevaban “al lugar mas lindo”, a un lugar “con flores y matas bonitas”.
No pasaron cinco minutos de caminata y ya nos
encontrábamos allí. Era una barranca del barrio, cubierta por la sombra escasa de
una mata de limoncillo que en alguna ocasión debió tener flores. En el centro
se ve el tronco seco de un cocotero que sirve de tobogán al grupo de niños.
Al fondo, donde termina el divertido deslizamiento, espera una gran pila de basura, que incluye cristales rotos y metales oxidados. Por todo
el lugar se extiende un fuerte olor a “ratón muerto”.
“¿Verdad que es lindo?”, me preguntó la rubia que
dio inicio a la excursión.
“¡Wao! ¡Es fabuloso, gracias por traerme!”, le respondí, tratando
de ocultar el asomo de lágrima. En ese instante, y al mismo tiempo, me sentí
golpeado por la limpia alegría de aquellos niños jugando sobre su tobogán de
palo de coco, y por un terrible sentimiento de impotencia. Muchas preguntas me
llegaron a la mente: ¿a qué jugarán estos niños
y niñas de
Por Jhonatan Liriano
martes, 26 de noviembre de 2013
Tu nombre
En algún momento podría
aparecer la curiosidad, el deseo de saberte parte de una historia, de un recorrido digno de contar.
Quizás te interese decir
entre tus amigos que el tuyo no es un
nombre cualquiera, que tus padres te lo asignaron por razones de profundo significado. Podrías querer explicar que el “Dios está con nosotros” de la
definición bíblica no es suficiente para
identificar los orígenes de tu nominación
primera.
Si te llega ese instante, si repunta en ti esa sed de identidad y sentido propia de todo ser
humano, puedes decir, con absoluta certeza, que llevas, Manuel, el nombre del
amor, el nombre de la dulzura, de esa montaña de solidaridad,
decoro y alegría que fue tu abuelo.
Cuenta con orgullo de sus
madrugadoras jornadas de labriego en las mocanas tierras de Cacique, donde su
lomo ya envejecido sacaba batatas y yuca para convertirlas en honesto pan
familiar.
Habla de su sonrisa permanente, y de la
legendaria capacidad que le permitía
andar por la vida sin suscribir ofensas ni cultivar rencores. Evoca su cotidiana persecución de
la bondad y la justicia, y estarás consagrando a plenitud el significado de su nombre,
que hoy es el tuyo.
Te llamamos Manuel, como el abuelo, porque deseamos transferirte el mayor legado que ese campesino dejó a la
familia: la actitud permanente de cuidar
a diario la pureza y la humildad del corazón, sin importar el tamaño
de las piedras del camino.
Tu madre no llegó a conocerlo. Pero aceptó sin
restricciones la nominal imposición que
te hemos hecho. De ninguna manera pretendimos trazar
con seis letras las coordenadas de tu
vida. Sólo quisimos y queremos estar seguros
de que sepas con toda precisión
el hermoso camino que anduvo la sangre antes de llegar a ti, amado hijo, Manuel.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Huchi Lora, por ejemplo
“Los grandes espíritus son los que asocian las luces del intelecto con las magnificencias del corazón.” José Ingenieros.
Es un atrevimiento desconcertante, pero común. En esta sociedad “fabulesca” los seres envilecidos y envilecedores no se conforman con presidir los caminos de las sombras. Buscan con afán el reconocimiento público que corresponde a la virtud.
El ladrón reclama para sí el título del generoso. El
mediocre quiere desmontar las observaciones de la academia. Los manipuladores
se erigen como voces sinceras y objetivas. Y quienes se especializan en hundir
los principios fundamentales del colectivo insisten en presentarse como los
imprescindibles libertadores de la patria. Los dominicanos, sin lugar a dudas,
vivimos el tremendo “cambalache” descrito por Enrique Santos Discépolo en las
letras de aquel tango inmortal.
Sin embargo, para nuestro bien, para alimento de
nuestras esperanzas, las generaciones emergentes todavía podemos distinguir en
el escenario público a los hombres y mujeres de verdadera entereza, a quienes, sin
importar las circunstancias, persiguen el imperio de la justicia y el bien
general, esas dos hermosuras de la razón.
Huchi Lora, por ejemplo, es uno de esos casos de
clara y edificante trayectoria.
Los jóvenes periodistas podemos ver en él una
actitud que trasciende la mera función comunicativa para colocarse en el plano
de lo pedagógico. No asume las poses de la vanidad, ni rebusca en su amplio
bagaje cultural las palabras domingueras tan frecuentes en las voces mercantiles
de bajo vuelo. Habla, y, cuando habla,
monta sobre la palabra serena el debido argumento, el dato preciso.
Su exabrupto no es el de la soberbia ni el del
pasador de facturas. Es la reacción del espíritu que se indigna ante la
injusticia y el abuso de poder.
A Huchi Lora no se le notan las alteraciones del comunicador
interesado en alimentar pasiones o aumentar audiencia (que suelen ser la misma
cosa). Su práctica, insisto, más que comunicación parece hambre por enseñar,
por despertar las conciencias que nuestra escuela rota, precaria y olvidada no ha
podido despertar en la mayoría.
Desde la pantalla del televisor o por la radio podemos
observar cómo demuestra que el periodismo sí debe parcializarse… a favor de la
ley, de la ciencia, y de los más nobles principios de la vida en sociedad.
¿O acaso otro comunicador levantó más alto que él la
bandera (o la sombrilla) del 4%? ¿Alguien puede acusarlo de faltar a la ética
profesional o a la pluralidad de su público por ello? De ninguna manera. Frente
a la injusticia evidente la ambigüedad es refugio del cómplice y del cobarde. Y
Huchi es valiente, y claro. En su ejercicio se cumple la definición que una vez
hiciera el maestro polaco Ryszard Kapuscinski en la obra “Los cínicos no sirven
para este oficio”: para ser un buen periodista, ante todo, hay que ser un buen
ser humano.
Por estas y otras tantas razones, el miércoles
pasado Participación Ciudadana le hizo un reconocimiento público. Y yo, como
ciudadano y periodista agradecido de su ejemplo, me sumo a la iniciativa. Siento
que es justo y necesario, sobre todo ahora que los hijos de la penumbra intentan
secuestrar hasta los laureles del decoro.
Invito a hacer lo mismo. Levantemos, reconozcamos,
señalemos a viva voz, y por todos los medios posibles, a los hombres y mujeres que
luchan a diario por hacer de sus hogares, de sus vecindarios, de sus espacios
de trabajo y de toda la República Dominicana un lugar más justo, más digno.
@jhonatanliriano
jueves, 22 de noviembre de 2012
Yo te nombro, dignidad
Homosintaxis de una canción de Gian Franco Pagliario.
Por las bocas cenizas ocultas con el
metro
Por
los niños sin progreso que decoran la ciudad
Por los carros de lujo pagados con mi
impuesto
Por
la falta de luz y el salario que no da
Por el campo hecho olvido
Por
el barrio marginal
Por el gato que enriquece
Y nos
deja sin el pan
Porque siento
Porque
miro
Porque sufro
Y porque
sueño
Yo te nombro
Dignidad
Por
el trágico destino de quien va a los
hospitales
Por
la villa en La Romana de un funesto concejal
Por
el miedo a que te roben cuando andas por la calle
Los
agentes que supones deben ser la autoridad
Por
los padres sin trabajo
Por
el déficit fiscal
Por
la escuela del engaño
Por
el Príncipe del Mal
Porque
debo
Porque
quiero
Porque
busco
Y porque
espero
Yo
te nombro
Dignidad.
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